* Al menos siete en una semana; se evidencia el fracaso de la doble alerta de género……
Una semana que retrata la crisis
Ixtapaluca volvió a colocarse en el centro de la indignación, siete personas desaparecidas en apenas siete días, cinco mujeres y dos hombres entre los 13 y 34 años de edad, sin rastro, sin respuestas y sin resultados visibles por parte de las autoridades, la cifra no es un dato aislado, es el reflejo de una crisis sostenida que se agrava pese a la existencia de mecanismos oficiales que, en teoría, deberían prevenirla.
Entre el 16 y el 22 de marzo de 2026, las fichas de búsqueda comenzaron a acumularse, nombres, rostros, edades, historias interrumpidas, una secuencia que se repite con una alarmante normalidad en un municipio que desde hace años arrastra una doble alerta de género, una por feminicidio desde 2015 y otra por desaparición de personas desde 2019, dos declaratorias que lejos de contener la violencia, parecen haber sido rebasadas por la realidad.
Nombres que no pueden olvidarse
El lunes 16 de marzo desaparecieron dos jóvenes, Brisa Yamilet Álvarez Tadeo, de 18 años, vista por última vez en la colonia Izcalli, y Nataly Danae Salazar Flores, de apenas 13 años, localizada por última vez en la colonia 6 de junio, ambas sin que hasta ahora exista información sobre su paradero.
El martes 17 se sumó Ángel Leonardo Adame Lindero, de 18 años, desaparecido en San Juan Tlalpizáhuac, un día después, el miércoles 18, Sandy Monroy Castillo, de 34 años, salió de su lugar de trabajo para comer y jamás regresó, dejando incluso pertenencias en el sitio, lo que obligó a la intervención de la Fiscalía General de Justicia del Estado de México.
El jueves 19 fue reportada como desaparecida Ana Karen Cruz Pérez, de 18 años, en la colonia El Capulín, el sábado 21 se emitió la ficha de búsqueda de Sebastián Carmona Piña, de 16 años, visto por última vez en la unidad Los Héroes Ixtapaluca, y finalmente, el domingo 22, Evelin Janeth Barragán, de 14 años, desapareció en la colonia El Molino, cerrando una semana que expone el nivel de vulnerabilidad en el municipio.
La doble alerta que no protege
Ixtapaluca forma parte de los pocos municipios en el Estado de México con doble alerta de género, un mecanismo que en el papel implica acciones urgentes, coordinación institucional y recursos específicos para atender la violencia, sin embargo, los hechos demuestran que la estrategia no está funcionando, la persistencia de desapariciones, muchas de ellas de adolescentes, evidencia una falla estructural en la implementación de estas medidas.
La activista Carmen Sánchez fue contundente al señalar que en el municipio persiste una grave crisis de violencia contra niñas, niños y mujeres, advirtió que no todas las desapariciones pueden minimizarse como ausencias voluntarias, como en ocasiones se intenta justificar desde el discurso oficial, una narrativa que lejos de ayudar, revictimiza y diluye la urgencia del problema.
Autoridades rebasadas
Familiares de las víctimas y colectivos han exigido la activación inmediata de protocolos de búsqueda, revisión de cámaras de seguridad y transparencia en la información, demandas básicas que en muchos casos no se cumplen con la rapidez necesaria, la respuesta institucional sigue siendo lenta, fragmentada y, en ocasiones, indiferente.
El caso de Sandy Monroy Castillo, cuyo lugar de trabajo fue asegurado por posibles vínculos con una investigación de extorsión, refleja además la posible conexión entre desapariciones y otros delitos, un contexto que incrementa la gravedad del fenómeno y que obliga a una actuación más contundente por parte de las autoridades.
Recursos sin resultados
Uno de los cuestionamientos más severos apunta al uso de los recursos destinados a la doble alerta de género, a pesar de contar con presupuesto específico, los resultados no son visibles, la exigencia ahora se traslada al ámbito legislativo, donde se ha solicitado la intervención de Ana Yurixi Leyva Piñón para revisar el destino y la eficacia del gasto asignado a estas estrategias.
La falta de resultados no solo refleja problemas operativos, también revela una ausencia de voluntad política para enfrentar el problema con la seriedad que requiere, mientras las cifras aumentan, las acciones parecen quedarse en el discurso.
Una crisis que se profundiza
Lo ocurrido en Ixtapaluca no es un episodio aislado, es una muestra clara de una crisis que se extiende en distintas regiones del Estado de México, donde la violencia contra mujeres, adolescentes y jóvenes sigue avanzando sin contención efectiva, la acumulación de casos en tan corto tiempo debería encender todas las alertas, pero en la práctica, el impacto institucional sigue siendo limitado.
Hoy, siete familias viven la incertidumbre, siete historias permanecen inconclusas y una comunidad entera observa cómo la violencia se normaliza, mientras las autoridades insisten en mecanismos que, al menos en este municipio, han demostrado ser insuficientes, la pregunta ya no es si las alertas funcionan, sino cuánto más debe escalar la crisis para que realmente se actúe con eficacia.


