CULTURA

Karahantepe, ruinas que podrían cambiar todo sobre nuestra civilización

Mucho antes de que las primeras ciudades ocuparan un lugar en el mapa —hace unos 12.000 años—, una sociedad en lo que hoy es el sureste de Turquía ya se dedicaba a levantar enormes estructuras de piedra y a tejer un rico universo simbólico. Los últimos descubrimientos en Karahantepe, un sitio arqueológico de esta región, revelan una forma de vida mucho más compleja de lo que nadie había imaginado hasta ahora.

Karahantepe, situado en el corazón del sudeste turco, sigue aportando pistas fundamentales sobre el origen del asentamiento humano. Este enclave, bajo el paraguas del ambicioso proyecto de investigación Taş Tepeler, sobresale entre los principales yacimientos pre-neolíticos de la zona tanto por su relevancia como por su dimensiones.

En los últimos años, las excavaciones han sacado a la luz más de 250 pilares de piedra en forma de “T”, comparables a los hallados en el célebre Göbekli Tepe, situado a escasos 32 kilómetros. Pero ojo: Karahantepe no es ni mucho menos una simple copia. Los arqueólogos han descubierto estatuas humanas de tamaño natural labradas en altorrelieve, además de abundantes representaciones animales talladas con un detalle espectacular.

Estos restos son un ejemplo de maestría artesanal verdaderamente extraordinaria, aún más si recordamos que anteceden a la cerámica, la metalurgia y la agricultura plenamente desarrollada. Según los expertos, estos hallazgos demuestran que existía una organización social sofisticada mucho antes de las primeras ciudades.

Y aquí viene una de las preguntas estrella: ¿de qué se alimentaban aquellas gentes del Neolítico, en una Anatolia que servía de puente entre Europa y Asia? Nuevos análisis arrojan luz sobre la vida cotidiana en Karahantepe. Según los especialistas, la carne de gacela era una fuente fundamental de proteínas. Pero hay más: los restos encontrados en el lugar hacen que un “jugador” inesperado entre al terreno de juego de la dieta neolítica: ¡las legumbres también tenían un puesto de honor en su menú!

Este descubrimiento desafía la antigua creencia de que los cereales ya reinaban en la dieta local. En su lugar, sugiere una estrategia de supervivencia mucho más variada, mezclando la caza, la recolección de plantas y, posiblemente, las primeras formas de cultivo.

Pero no todo era comida y arquitectura: el arte surgido de Karahantepe es literalmente rompedor. En el sudeste de Türkiye, los arqueólogos han desenterrado un pilar de 12.000 años de antigüedad tallado con un rostro humano —el primero de su clase en los yacimientos neolíticos de Karahantepe y Göbekli Tepe—, dando una pista clave sobre el origen del arte y la autopercepción en los primeros constructores de la humanidad.

Al comparar ambos sitios, Karahantepe parece estar más enfocado en el aprovechamiento de recursos animales, mientras que su vecino Göbekli Tepe utilizaba una gama más amplia de especies de diferentes entornos naturales. Para la comunidad científica, Karahantepe sostiene la idea de que el arte, las creencias compartidas y la cooperación colectiva pudieron preceder —y no seguir— al desarrollo de la agricultura. Es decir, que nuestra necesidad de símbolos y comunidad pudo ser lo que, en definitiva, empujó a la humanidad a asentarse de forma permanente.

Hasta ahora, solo se ha excavado una pequeña parte de los aproximadamente 12 hectáreas que ocupa Karahantepe. Ya se han identificado varias capas de ocupación humana, lo que denota una presencia continuada —y si la tendencia sigue, se esperan muchos más descubrimientos capaces de seguir reescribiendo la historia de la civilización.

Cada estatua, cada pilar y hasta cada resto de comida refuerza una idea emocionante: las raíces de la civilización son, sin duda, mucho más antiguas —y mucho más complejas— de lo que jamás imaginamos.

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