Por Karina A. Rocha Priego
El domingo 22 de febrero el Ejército Mexicano ejecutó un operativo en Tapalpa, Jalisco, que terminó con la muerte de Nemesio Oseguera Cervantes, alias El Mencho, líder del Cártel Jalisco Nueva Generación, considerado el narcotraficante más poderoso del país, fue herido en un enfrentamiento y murió mientras era trasladado por aire -unos dicen que fue “rematado” durante su traslado-, el gobierno presentó el hecho como un golpe histórico, como el principio del fin de una estructura criminal que durante años desafió al Estado, sin embargo la realidad que siguió fue muy distinta, el abatimiento no abrió una etapa de calma sino una reacción feroz que exhibió la fragilidad institucional y el verdadero tamaño del monstruo que se pretendía decapitar.
País paralizado
La respuesta del CJNG fue inmediata y coordinada, narcobloqueos en decenas de carreteras, vehículos incendiados, tráileres atravesados en autopistas, incendios en negocios y ataques directos contra instalaciones públicas, escenas de guerra en zonas urbanas y turísticas como Puerto Vallarta, familias despojadas de sus autos que eran incendiados, pánico colectivo amplificado por videos que circularon en redes sociales mostrando balaceras y convoyes armados, más de 250 bloqueos en hasta 20 estados, una demostración de fuerza que contradijo el discurso triunfalista.
El saldo humano fue devastador, más de 130 personas fallecidas entre el operativo inicial y la violencia posterior, 80 elementos de la Guardia Nacional asesinados en ataques de represalia, un custodio y un agente ministerial caídos en cumplimiento de su deber, una civil muerta en medio del fuego cruzado, alrededor de 30 presuntos integrantes del cártel abatidos en Jalisco y cuatro más en Michoacán (aunque se dice que son muchos más), cifras que no pueden maquillarse como daños colaterales inevitables sino que deben asumirse como el costo brutal de una estrategia que no previó la magnitud de la respuesta.
Narrativa oficial
El gobierno sigue insistiendo en que la normalidad regresó en cuestión de horas, que el despliegue de miles de efectivos restableció el orden, que la infraestructura estratégica quedó protegida, pero la pregunta central no es cuántos soldados se movilizaron sino por qué un solo operativo pudo detonar una reacción capaz de paralizar medio país, si el Estado controla el territorio, como se afirma, entonces cómo explicar la capacidad logística del cártel para incendiar carreteras simultáneamente en distintas entidades.
Sin embargo, a cuatro días del incendiario suceso, la calma no ha vuelto a las ciudades afectadas. Si bien es cierto que no ha habido brotes violentos -aún-, los ciudadanos no están en paz, viven en constante zozobra y las calles de aquellas ciudades se vislumbran desiertas.
Padres de familia, piensan dos veces antes de enviar a sus hijos a la escuela, por temor a más represalias y, aunque se llevan a cabo rondines de Guardia Nacional, Marina y Ejército Mexicano, los ciudadanos no están tranquilos.
Además, carreteras que fueron afectadas por la quema de autos y camiones como: Esperanza y San Martín, Puebla, Lagos de Moreno, San Luis Potosí, México-Cuernavaca, Lerma-Toluca, Palmillas, Querétaro, entre otras, ya no están resguardadas por elementos de seguridad, lo que nos habla de que solo fue “llamarada de petate” lo dicho por las autoridades, mientras los ciudadanos, tienen que seguir circulando por esas carreteras a sabiendas de que pueden ser víctimas de la venganza de El Mencho.
Es más, la narrativa oficial habla de éxito táctico, pero omite el vacío estratégico, abatir a un líder no desmantela una red financiera, no borra alianzas locales, no elimina la estructura de mando que durante años se consolidó frente a autoridades rebasadas o complacientes, la muerte del capo puede ser simbólicamente poderosa pero no equivale a la derrota de la organización.
Tensiones y soberanía
La reacción internacional añadió presión política, desde Estados Unidos se reclamó participación y mérito en el operativo -del cual no debe dudarse-, se reiteró que los cárteles controlan amplias zonas del territorio mexicano, declaraciones que incomodan por su tono intervencionista pero que encuentran eco en la evidencia de los bloqueos y los muertos, México quedó atrapado entre la defensa de su soberanía y la necesidad de cooperación bilateral, una ecuación delicada que revela la dependencia estructural en materia de inteligencia y combate al narcotráfico.
¿Era necesario llegar a tanto? La presión que ha venido ejerciendo el gobierno de Donald Trump sobre México, exigiendo se le entregue a los verdaderos líderes de las células criminales y del narcotráfico que operan en México o, mejor dicho, que “dominan en México”, es lo que derivó en este operativo.
El apoyo de los norteamericanos en este operativo, fue más para demostrar que no es una broma lo que están exigiendo y obligar a México a que haga su trabajo pues, ¿ustedes creen, en verdad, que las autoridades de los tres niveles de gobierno, no saben donde están los capos en todo el territorio mexicano? ¡Si se les pasean por sus narices en sus autos de más de 8 o 10 millones de pesos, con más de 4 autos-escolta custodiándolos! Y, ¿no saben dónde encontrarlos para detenerlos? ¡Por favor!.
Esas acciones las autoridades mexicanas debieron llevarlas a cabo hace mucho tiempo pero, se sabe que desde el 2018, los capos “se volvieron socios del gobierno”, patrocinadores de campañas, colocadores de políticos, promotores -dicen- hasta de los Bancos de Bienestar, lo que podría significar que, los capos, son los que “financiaron o financian” esas estructuras crediticias para “beneplácito” del Gobierno federal y, ¿no pudieron detenerlos? ¡Claro que no, pues perderían a un socio mayoritario!.
Para colmo, en estos momentos las alertas siguen puestas sobre los viajeros extranjeros, mientras la cobertura global de los hechos dañan la imagen del país en un momento especialmente sensible, con eventos internacionales en puerta y con una economía que depende en gran medida del turismo y la inversión, la percepción de inseguridad se convirtió en un factor político y financiero nada confiable.
¿Victoria o advertencia?
A corto plazo el operativo demostró capacidad de inteligencia y precisión militar, pero también evidenció vulnerabilidad ante represalias coordinadas, la explosión de violencia mostró que el CJNG no de-pendía exclusivamente de la figura de su líder, que su estructura operativa puede activarse incluso en un escenario de decapitación.
A mediano y largo plazo el panorama es incierto, la disputa interna por el control puede derivar en fragmentación y más violencia, o en la consolidación de un nuevo liderazgo aún más agresivo, y ya se habla de los sucesores de El Mencho quienes, se dice, ya han sido aprobados por toda la estructura criminal o, por lo menos, la que sigue dominando Jalisco, destacando que la historia reciente de México, demuestra que cada captura de alto perfil suele abrir un periodo de reajuste sangriento, la estrategia de abatir sin reconstruir instituciones locales ni fortalecer fiscalías estatales corre el riesgo de repetir ciclos interminables. El drama, no ha concluido aún.
Un país en transición violenta
La muerte de El Mencho marca un punto de inflexión pero no un cierre, México entra en una etapa de reacomodo criminal donde el equilibrio de poder aún no está definido, el Estado tiene la oportunidad de aprovechar el golpe para desarticular finanzas, redes de corrupción y complicidades políticas, o puede limitarse a celebrar una victoria parcial mientras nuevas cabezas emergen.
Más de 130 muertos son el recordatorio de que la guerra contra el narcotráfico sigue cobrando vidas sin ofrecer certezas, la verdadera prueba no será el operativo que abatió a un hombre sino la capacidad de impedir que su organización renazca bajo otro nombre, si el país no transforma su estrategia integral de seguridad el episodio quedará como otro capítulo de una historia repetida, una victoria anunciada que terminó revelando la profundidad de la crisis que pretende resolver, y la pregunta incómoda seguirá flotando en el aire, ¿quién controla realmente el territorio cuando el fuego se enciende al caer un solo líder?.


