Por Edith Romero
La temporada de lluvias vuelve a evidenciar la crónica incapacidad del Gobierno del Estado de México para prevenir tragedias. El reciente Atlas de Inundaciones 2025, elaborado por la Comisión del Agua del Estado de México (CAEM), revela una cifra alarmante: 23 mil 940 personas viven actualmente en zonas de riesgo por encharcamientos e inundaciones en 99 colonias de 34 municipios. Y aunque se pretende presentar esta información como un avance en planeación, la realidad es que este documento retrata años de omisión, corrupción y negligencia institucional.
Durante 2024, se registraron 37 inundaciones urbanas, cuatro rurales, 57 encharcamientos y un deslave. Más allá del conteo estadístico, detrás de estas cifras hay hogares perdidos, negocios arruinados, escuelas colapsadas, personas atrapadas en el lodo y, en muchos casos, vidas enteras desestabilizadas.
Cada temporal no solo arrastra agua: arrastra también la esperanza de miles de mexiquenses que ven cómo el Estado no solo falla en protegerlos, sino que ni siquiera reacciona con la urgencia necesaria.
Según se dio a conocer, el Atlas es una “herramienta para la prevención y gestión urbana” pero, ¿de qué sirve tener mapas de riesgo si año con año se repiten las mismas afectaciones en los mismos puntos? ¿De qué sirve tener identificadas las colonias vulnerables si no se invierte en obra hidráulica real y duradera? La respuesta, dolorosa, es que el Atlas es otro documento más para justificar omisiones y simular gobernanza.
Los municipios más afectados se concentran en la Cuenca del Valle de México, donde más de 19 mil 900 personas viven bajo amenaza constante de inundaciones. Entre los focos rojos destacan Ecatepec, Nezahualcóyotl, Chalco, Naucalpan y Cuautitlán Izcalli, todos con antecedentes de emergencia año tras año. Mientras tanto, los drenajes siguen obsoletos, los ríos sin desazolve, y los habitantes sin información preventiva real.
En el Valle de Toluca -la Cuenca del Río Lerma- hay al menos 1,355 personas vulnerables. Municipios como Toluca, Metepec, San Mateo Atenco y Lerma forman parte de esta zona crítica. Aquí, la combinación entre el crecimiento urbano descontrolado, la corrupción en permisos de construcción y la falta de mantenimiento a la infraestructura hidráulica ha creado un coctel perfecto para el desastre.
La Cuenca del Río Balsas también se suma al diagnóstico: Amatepec, Tejupilco y Tenancingo tienen 2,685 personas en riesgo. Lo preocupante es que en estas zonas rurales, la capacidad de respuesta institucional es aún más precaria, y los deslaves de tierra representan una amenaza adicional, poco documentada y casi nunca atendida.
Como “respuesta” institucional, la CAEM activó el Plan de Contingencias para la Temporada de Lluvias con 500 elementos del Grupo Tláloc y 28 campamentos en 19 municipios. Pero este despliegue es apenas reactivo, limitado y, en muchos casos, simbólico. Los municipios más críticos -Ecatepec, Chimalhuacán, Ixtapaluca, en tre otros- requieren acciones de fondo, no solo brigadas que aparezcan con bombas extractoras cuando el agua ya ha destruido medio barrio.
La lógica de la improvisación es constante. Año tras año se repiten las lluvias, los reportes de daños, las visitas mediáticas de funcionarios, y después… nada. Ninguna inversión sostenida, ningún plan de renovación de infraestructura hidráulica, ningún castigo a las administraciones pasadas que permitieron desarrollos urbanos en zonas inundables. La memoria institucional es corta, y la voluntad política aún más.
El Atlas de Inundaciones 2025 debió haberse llamado Atlas de la Indolencia, porque no muestra solo mapas y datos, sino una radiografía brutal de cómo el abandono del Estado provoca tragedias que podrían evitarse. La prevención no se resuelve con pronósticos o “planes de contingencia” cuando lo básico -drenaje, colectores pluviales, mantenimiento de ríos- está en ruinas.
Mientras tanto, las lluvias no avisan, y las 23 mil 940 personas que habitan en las zonas identificadas por la CAEM ya viven con miedo, incertidumbre y frustración. Porque saben que el gobierno solo actúa cuando la tragedia está consumada, cuando las cámaras están presentes o cuando la presión social es insostenible.
Si el Estado de México quiere dejar de repetir esta historia de desastre anunciado, debe pasar de los diagnósticos a la acción, de la simulación a la inversión, de la reacción a la verdadera prevención. De lo contrario, el siguiente “atlas” no solo mostrará más colonias en riesgo, sino también más muertos, más damnificados y más ciudadanos hartos de vivir bajo el agua… y bajo el abandono.


