* Amenaza que podría sacudir al régimen……
Por Karina A. Rocha Priego
Durante años, Morena construyó una estructura política que logró concentrar el poder como ningún otro partido desde los tiempos del viejo presidencialismo, controlando la Presidencia de la República, la mayoría de los congresos estatales, la Cámara de Diputados, el Senado, numerosas gubernaturas y buena parte de los organismos públicos, sin embargo, hoy enfrenta un riesgo que trasciende las fronteras nacionales y que podría convertirse en el mayor desafío político de su historia, la posibilidad de que desde Estados Unidos se fortalezca una narrativa que vincule a integrantes del movimiento gobernante con estructuras del crimen organizado.
Es importante señalar que hasta este momento no existe una declaratoria oficial del gobierno estadounidense que catalogue a Morena como organización o célula terrorista, sin embargo, tampoco puede ignorarse que la estrategia impulsada por Donald Trump ha modificado radicalmente la relación bilateral en materia de seguridad, pues la designación de diversos cárteles mexicanos como organizaciones terroristas abrió una puerta que durante décadas permaneció cerrada y que hoy permite a Washington ampliar su margen de actuación política, financiera y judicial.
Del combate al narco al combate al poder político
Lo preocupante para el oficialismo mexicano es que la discusión en Estados Unidos ya no se limita exclusivamente a los grupos criminales, sino que comienza a extenderse hacia las redes políticas, empresariales y financieras que presuntamente les permiten operar.
Desde la óptica de Washington, perseguir a los cárteles sin investigar a quienes los protegen resulta insuficiente, de ahí que en los últimos meses hayan aumentado los señalamientos, investigaciones y sanciones dirigidas contra personajes vinculados al poder político mexicano.
El riesgo para Morena no radica necesariamente en una declaratoria inmediata, sino en la construcción gradual de una percepción internacional donde el partido gobernante aparezca asociado a prácticas de protección, tolerancia o convivencia con grupos criminales.
Y en política internacional, las percepciones suelen convertirse rápidamente en decisiones.
El factor “Andy”
Dentro de ese complejo escenario surge una figura que cada vez despierta mayor interés dentro y fuera del país, Andrés Manuel López Beltrán, conocido popularmente como “Andy”.
Aunque oficialmente no ocupa un cargo dentro del gobierno federal, numerosos actores políticos consideran que se ha convertido en uno de los personajes más influyentes dentro de Morena, con capacidad para intervenir en decisiones estratégicas, candidaturas, nombramientos y acuerdos internos.
Para muchos observadores, la verdadera disputa por el poder en México ya no se encuentra únicamente en Palacio Nacional, sino también en los grupos que rodean a “Andy” López Beltrán y que buscan consolidar su control rumbo a la sucesión presidencial de 2030.
Por ello no resulta casual que cada vez cobren mayor fuerza las versiones sobre una eventual candidatura a diputado federal o incluso al Senado de la República.
La obtención de una posición legislativa le otorgaría visibilidad nacional, estructura política propia y, sobre todo, el fuero constitucional que acompaña a dichos cargos.
Aunque no existen acusaciones judiciales formales en su contra, la oposición sostiene que el creciente interés de Estados Unidos por identificar posibles redes de influencia política relacionadas con el crimen organizado ha encendido las alertas dentro del oficialismo.
La sola posibilidad de que Washington dirija su atención hacia figuras cercanas al núcleo del antiguo presidente representf a un escenario incómodo para Morena.
Las consecuencias para México
Si algún día Estados Unidos decidiera escalar su ofensiva política y vincular formalmente a sectores relevantes del partido gobernante con actividades relacionadas con organizaciones terroristas, las consecuencias para México serían enormes.
La relación bilateral entraría en una etapa de confrontación sin precedentes, los mercados financieros reaccionarían con incertidumbre, las inversiones podrían desacelerarse, aumentaría la presión sobre el sistema bancario mexicano y la cooperación en materia de seguridad se volvería mucho más compleja.
Además, miles de funcionarios, empresarios y operadores políticos podrían quedar bajo observación permanente de agencias estadounidenses.
El impacto no sería exclusivamente político, también alcanzaría la economía, la diplomacia y la estabilidad institucional del país.
Lo más preocupante es que México depende profundamente de su relación económica con Estados Unidos, por lo que cualquier conflicto de esta magnitud tendría repercusiones directas sobre millones de familias mexicanas.
Un régimen bajo presión
Mientras el gobierno federal insiste en denunciar intervencionismo extranjero, en Estados Unidos parece fortalecerse la idea de que el combate al crimen organizado no puede limitarse a los sicarios, los laboratorios clandestinos o las rutas de tráfico, sino que debe alcanzar también a quienes desde las estructuras de poder facilitan su operación.
Esa diferencia de visiones explica buena parte de la tensión que actualmente existe entre ambos gobiernos.
Lo que está en juego no es únicamente la imagen de Morena, tampoco el futuro político de “Andy” López Beltrán, sino la credibilidad de las instituciones mexicanas frente a su principal socio comercial y frente a la comunidad internacional.
Porque si algo ha demostrado la historia reciente, es que cuando Estados Unidos fija un objetivo político o estratégico, rara vez abandona la persecución hasta obtener resultados.
Por ahora, la posibilidad de que Morena sea considerado una organización vinculada al terrorismo sigue siendo una hipótesis política y no una realidad jurídica, pero el simple hecho de que esa conversación comience a instalarse en determinados sectores de poder en Washington debería encender todas las alarmas en México, especialmente dentro de un movimiento que durante años se asumió intocable y que hoy enfrenta cuestionamientos cada vez más severos sobre la forma en que ejerce y concentra el poder.


