CAMBIANDO DE TEMA

Morena, insalvable

* Entrega de exfuncionarios de Rocha Moya amenaza crisis política para la 4T……

Por Karina A. Rocha Priego

La Cuarta Transformación enfrenta uno de los episodios más delicados desde su llegada al poder; la entrega voluntaria de dos exfuncionarios clave del gobierno de Rubén Rocha Moya al Gobierno de Estados Unidos no sólo representa un escándalo judicial internacional, también amenaza con convertirse en una bomba política de dimensiones impredecibles para Morena y el Gobierno Federal.

Durante años, el discurso oficial construyó una narrativa donde corrupción, pactos criminales y protección institucional eran presentados como herencia exclusiva del viejo régimen; sin embargo, hoy la presión comienza a acercarse peligrosamente al corazón político de la llamada transformación, justo en uno de los estados más golpeados por el narcotráfico y la violencia.

La situación es explosiva porque quienes decidieron entregarse no eran operadores menores ni personajes marginales, se trata de exfuncionarios con acceso privilegiado a información financiera, estructuras de seguridad, redes políticas y decisiones estratégicas dentro del gobierno sinaloense.

Y cuando personajes de ese nivel cruzan la frontera para ponerse a disposición de fiscales estadounidenses, lo que comienza a temblar no es únicamente una administración estatal, sino toda la estructura política que la respaldó.

Miedo que nadie admite

El verdadero temor dentro de Morena no radica en los expedientes judiciales, sino en las declaraciones que puedan realizar los excolaboradores de Rocha Moya ante las autoridades estadounidenses.

Porque si algo ha demostrado la justicia norteamericana es que rara vez actúa sin buscar acuerdos, testimonios y colaboración a cambio de beneficios procesales.

La gran pregunta que recorre silenciosamente los pasillos del poder es sencilla, pero devastadora: ¿qué saben realmente esos exfuncionarios?

La preocupación aumenta, porque uno de ellos controló la seguridad pública y el otro tuvo acceso a las finanzas estatales, es decir, manejaban información sensible sobre operaciones, contratos, movimientos presupuestales, relaciones políticas y estructuras internas del gobierno sinaloense.

En cualquier sistema político democrático eso ya sería suficiente para encender alarmas, pero en México, donde históricamente la frontera entre política, dinero y crimen organizado ha sido difusa, el problema adquiere otra dimensión.

La narrativa oficial intenta reducir el caso a una embestida política de Estados Unidos o a una campaña de desprestigio contra la 4T; sin em-bargo, el problema es mucho más profundo porque si los fiscales estadounidenses consiguen testimonios, transferencias, registros financieros o datos sobre presuntas redes de protección institucional, el golpe dejaría de ser mediático para convertirse en una crisis de legitimidad.

Contradicción de la 4T

La mayor debilidad de Morena frente a este caso es moral y discursiva, pues durante años, el movimiento construyó su fuerza política acusando a gobiernos anteriores de corrupción, pactos criminales y sometimiento frente al narcotráfico siendo la promesa central, limpiar al país de complicidades y excesos del pasado, por eso es que el escándalo golpea directamente la credibilidad del proyecto.

Ahora la discusión ya no gira sobre el PRI o el PAN, sino sobre funcionarios vinculados a gobiernos morenistas que terminan bajo investigación internacional, mientras Estados Unidos habla abiertamente de presuntos nexos entre es tructuras políticas y criminales.

El problema se agrava, debido a que Sinaloa representa mucho más que un estado gobernado por Morena.

Se trata de uno de los territorios simbólicamente más sensibles para el país en materia de narcotráfico, violencia y poder criminal.

Y mientras el Gobierno Federal insiste en defender soberanía y rechazar señalamientos externos, la percepción pública comienza a deteriorarse.

La ciudadanía observa un escenario incómodo: funcionarios cercanos al poder entregándose a otro país mientras en México prácticamente nadie es investigado con la misma contundencia.

Esa diferencia alimenta una percepción peligrosa para el oficialismo: la idea de que la justicia estadounidense avanza donde la mexicana no quiere o no puede hacerlo.

Sheinbaum frente a su primera gran tormenta

Aunque el caso involucra directamente al gobierno sinaloense, el desgaste inevitablemente alcanza a la presidenta Claudia Sheinbaum.

La mandataria intenta contener el impacto asegurando que no existe riesgo para su administración y defendiendo el principio de soberanía nacional; sin embargo, el problema amenaza con crecer conforme avance el proceso judicial en Estados Unidos.

Porque cada audiencia, cada filtración y cada declaración puede transformarse en munición política contra Morena rumbo a las elecciones intermedias y hacia 2030.

Además, la oposición encontró finalmente un tema capaz de romper parcialmente la narrativa oficial sobre combate a la corrupción.

Durante años, Morena logró mantener ventaja moral acusando a sus adversarios de representar el viejo régimen pero, si este caso escala, la discusión comenzará a girar alrededor de una pregunta demoledora: ¿realmente cambió el sistema o simplemente cambiaron los nombres del grupo político en el poder?

Amenaza interna

El riesgo más grande para la 4T quizá no provenga de Washington, sino del interior del propio movimiento cuando Morena se convirtió rápidamente en una maquinaria electoral gigantesca donde conviven antiguos priistas, panistas, grupos regionales, cacicazgos locales y operadores políticos de todos los colores.

Esa mezcla permitió ganar elecciones, pero también abrió espacios para personajes con trayectorias cuestionables y redes de poder difíciles de controlar y, mientras el movimiento crecía electoralmente, también aumentaban las contradicciones internas, los conflictos regionales y las disputas por control político y económico.

Por eso el caso Rocha Moya amenaza con convertirse en algo más grave que un escándalo judicial: puede transformarse en el símbolo de una pregunta incómoda que comienza a crecer dentro y fuera del oficialismo: si el poder terminó absorbiendo a Morena o si Morena terminó absorbiendo las mismas prácticas que prometió erradicar.

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