* Dirigencia atribuye salidas a decisiones personales y acusa estrategia para fragmentar a la oposición……
Por Mireya Álvarez
El Partido Revolucionario Institucional intenta contener el impacto político de las recientes renuncias de figuras relevantes, al restarles importancia y encuadrarlas como decisiones individuales, sin embargo, la salida de perfiles como Carolina Monroy del Mazo, junto con alcaldes y exalcaldes mexiquenses, exhibe una fractura interna que difícilmente puede reducirse a un episodio menor, en medio de un escenario donde la oposición enfrenta una reconfiguración constante.
Desde la bancada priista se ha insistido en que quienes abandonan el partido deben rendir cuentas a la militancia que los llevó al poder, más que a la dirigencia, el coordinador legislativo Elías Rescala Jiménez sostuvo que los ahora exmilitantes fueron respaldados en su momento por el instituto político, lo que deja entrever un reclamo implícito sobre lealtades políticas que hoy parecen diluirse frente a nuevas oportunidades.
La narrativa oficial del PRI busca proyectar control, al asegurar que las salidas no representan una pérdida real de capital político, bajo el argumento de que los votos pertenecen al partido y no a los individuos, sin embargo, esta postura contrasta con la realidad de un sistema político donde las figuras públicas arrastran estructuras, operadores y redes territoriales que sí tienen impacto en los resultados electorales, minimizar ese efecto parece más una estrategia discursiva que un diagnóstico preciso.
En paralelo, el partido ha señalado que la proliferación de nuevas fuerzas políticas responde a una intención de fragmentar el voto opositor, una lectura que, aunque plausible, también evidencia la preocupación por un escenario donde la dispersión electoral puede debilitar aún más a los partidos tradicionales, especialmente en entidades clave como el Estado de México.
El discurso priista también apunta a una supuesta falta de proyecto en las nuevas opciones políticas, al afirmar que no ofrecen propuestas distintas ni atienden sectores diferentes de la población, sin embargo, esta crítica deja abierta una pregunta incómoda, si las nuevas fuerzas no representan una alternativa real, por qué logran atraer a cuadros formados dentro del propio PRI, lo que sugiere que el problema podría estar más en la pérdida de identidad interna que en la competencia externa.
Mientras tanto, la dirigencia asegura que su prioridad será reconectar con la ciudadanía y recuperar bases sociales que, según su propia lectura, fueron desplazadas por otras fuerzas políticas, el reto no es menor, implica reconstruir credibilidad en un contexto donde las salidas de militantes no solo son síntomas de inconformidad, sino señales de un partido que sigue enfrentando dificultades para redefinirse frente a un electorado cada vez más volátil.


