CAMBIANDO DE TEMA

Recaudación forzada

* Mientras unos trabajan y pagan, otros viven del presupuesto……

Por Karina A. Rocha Priego

Existe una pregunta que cada vez se escucha con mayor frecuencia en las calles, comercios, empresas y en los hogares mexicanos, ¿de dónde saldrá el dinero para mantener un gasto público que año con año continúa creciendo?, la respuesta parece encontrarse en una política cada vez más evidente, recaudar más, cobrar más y presionar más a quienes todavía producen riqueza.

El Gobierno Federal ha construido buena parte de su estrategia política sobre la expansión de los programas sociales, esquema que le ha permitido consolidar una amplia base de respaldo ciudadano, nadie discute que el Estado tenga la obligación de apoyar a los sectores más vulnerables, lo verdaderamente preocupante es cuando esa política comienza adepender de una presión permanente sobre quienes generan empleo, pagan impuestos y sostienen la economía nacional.

Resulta difícil ignorar la coincidencia, conforme se acercan las elecciones de 2027 y posteriormente las de 2030, también parece intensificarse el afán recaudatorio en prácticamente todos los niveles de gobierno, como si cada peso obtenido hoy representara un ladrillo más en la construcción de un gigantesco aparato político que necesita recursos para mantener intacta su rentabilidad electoral.

El “cochinito” nunca se llena

Los gobiernos estatales y municipales enfrentan presupuestos cada vez más comprometidos, responsabilidades crecientes y márgenes financieros reducidos, en ese escenario, la salida parece ser una sola, recaudar hasta el último peso posible.

No importa si se trata de derechos, contribuciones, permisos, verificaciones, multas o servicios públicos, todo parece convertirse en una oportunidad para obtener recursos.

La percepción ciudadana es clara, desde el centro del país se exige una mayor captación de ingresos y los gobiernos locales trasladan esa presión directamente a los ciudadanos, convirtiendo a miles de servidores públicos en auténticos cobradores del Estado.

La lógica parece sencilla, llenar el “cochinito” cuesta lo que cueste.

CFE deja de ser empresa y se convierte en cobradora

Uno de los casos que mayor molestia provoca entre ciudadanos y empresarios es el endurecimiento de los mecanismos de cobro de la Comisión Federal de Electricidad.

Cada vez son más frecuentes las quejas por suspensiones rápidas del servicio, requerimientos constantes, menor flexibilidad para negociar adeudos y una actitud mucho más rígida frente a cualquier retraso.

Para un pequeño comerciante, un taller mecánico, una tortillería, una papelería o una fábrica, quedarse sin energía eléctrica significa detener su actividad económica, perder ingresos y poner en riesgo empleos.

Sin embargo, pareciera que esa realidad ha dejado de importar y la prioridad aparenta ser una sola, cobrar primero y preguntar después.

La cacería sobre ruedas

Las corporaciones de tránsito también parecen haberse convertido en una fuente permanente de ingresos.

Basta recorrer municipios del centro del país para escuchar historias prácticamente idénticas, ciudadanos sancionados por una placa ligeramente doblada, por una mica opaca, por una mínima mancha en un faro, por un portaplacas, por un detalle que difícilmente representa un riesgo real para la circulación. La pregunta surge de inmediato, ¿realmente se busca prevenir accidentes o simplemente aumentar la recaudación?.

Cuando cientos de conductores tienen la misma percepción, cuando las multas parecen multiplicarse mientras persisten problemas mucho más graves de movilidad, seguridad
y transporte, resulta inevitable sospechar que el objetivo dejó de ser la prevención para convertirse en la recaudación.

Exprimiendo siempre a los mismos

Lo más preocupante es que el peso de esta estrategia recae prácticamente sobre el mismo sector de la población: Trabajadores formales, empresarios, comerciantes, profesionistas, emprendedores.

Personas que pagan ISR, IVA, cuotas patronales, impuestos locales, derechos, permisos, licencias, verificaciones, tenencias, predial, agua, electricidad y una larga lista de contribuciones.

Son precisamente ellos quienes mantienen funcionando buena parte de la economía nacional y, paradójicamente, también son quienes sienten con mayor fuerza la presión fiscal.

Un país no puede vivir solamente repartiendo dinero

Toda economía sana necesita producir antes de distribuir, necesita inversión antes que subsidios, necesita empresas antes que clientelas políticas, necesita empleos antes que dependencia presupuestal.

Cuando la mayor preocupación del aparato gubernamental parece ser encontrar nuevas formas de recaudar, el mensaje para quienes invierten termina siendo profundamente desalentador.

Cada nueva multa, cada nuevo cobro, cada nuevo requisito, cada nueva inspección, cada nueva sanción, representan un costo adicional para quienes mantienen viva la actividad económica.

El verdadero riesgo

Ningún gobierno puede sostener indefinidamente un modelo basado en cargar cada vez más peso sobre una población económicamente activa que, además, enfrenta crecimiento limitado, inflación acumulada y menores márgenes de rentabilidad.

La gran paradoja consiste en que mientras se exprime a quienes producen, cada vez existen menos incentivos para seguir haciéndolo.

Si producir deja de ser rentable, si emprender implica convertirse en blanco permanente de inspecciones, cobros y sanciones, el resultado será exactamente el contrario al que el país necesita como: menos inversión, menos empresas, menos empleo formal, menos contribuyentes y, en consecuencia, menos recursos públicos.

Ningún proyecto político puede sostenerse indefinidamente exprimiendo siempre a los mismos, ningún país construye prosperidad castigando a quienes trabajan, invierten y producen, tampoco fortaleciendo una cultura donde el esfuerzo económico de millones termina financiando un modelo que muchos perciben como una manera de premiar la dependencia del presupuesto por encima de la generación de riqueza, esa percepción, compartida por un sector de la sociedad, debería ser motivo de reflexión para cualquier gobierno que aspire a construir desarrollo duradero y no únicamente rentabilidad electoral.

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