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Texcoco busca convertir la basura orgánica en abono para el campo

Lo que actualmente representa un problema para municipios de la zona oriente del Estado de México —el destino de los residuos orgánicos— podría convertirse en materia prima para el campo con la instalación de una Biofábrica CEVAMEX en Texcoco.

El proyecto contempla construir un centro regional de composteo en terrenos del Campo Experimental Valle de México (CEVAMEX), perteneciente al Instituto Nacional de Investigaciones Forestales, Agrícolas y Pecuarias (INIFAP), donde se pretende recibir y transformar residuos orgánicos provenientes de distintos municipios.

La propuesta fue presentada durante una mesa de trabajo realizada en la sala de Cabildo de Texcoco, con la participación de autoridades estatales, federales y municipales.

El objetivo central es que los desechos que actualmente requieren disposición puedan reincorporarse a los ciclos agrícolas mediante la producción de abonos y otros bioinsumos.

De acuerdo con la información presentada por la Secretaría del Campo del Estado de México, el proyecto representa una inversión federal de 166 millones de pesos y tendría capacidad para procesar hasta 120 mil toneladas de residuos orgánicos, con una producción estimada de 36 mil toneladas de bioinsumos peletizados.

La dimensión del proyecto permitiría atender a alrededor de 18 mil 180 productores, a quienes se contempla proporcionar abono orgánico para sus actividades agrícolas.

La diferencia frente a un esquema tradicional de manejo de basura estaría precisamente en que los residuos orgánicos dejarían de verse únicamente como desechos para convertirse en un insumo productivo.

El compostaje permite transformar materia orgánica mediante un proceso controlado de descomposición.

El INIFAP ya desarrolla en CEVAMEX actividades relacionadas con composta, lombricomposta, producción de bioinsumos y agricultura bajo principios agroecológicos.

En este caso, la intención es llevar ese concepto a una escala regional, aprovechando la vocación agrícola de municipios del oriente mexiquense y la infraestructura de investigación existente en Texcoco.

La ubicación también es estratégica: la Biofábrica ocuparía cinco hectáreas del INIFAP, con acceso por la carretera México-Texcoco, lo que facilitaría tanto el ingreso de los residuos como la salida del producto procesado hacia las zonas agrícolas.

Aunque el proyecto plantea una solución para grandes cantidades de residuos orgánicos, su funcionamiento requerirá que los municipios participantes desarrollen sistemas adecuados de recolección y separación.

Durante la presentación, el presidente municipal de Texcoco, Nazario Gutiérrez Martínez, señaló precisamente la necesidad de acompañar el proyecto con una campaña de concientización para que la población separe los residuos orgánicos de los inorgánicos desde hogares, escuelas, comercios y empresas.

Este punto será determinante: para que los residuos puedan convertirse en composta y posteriormente en bioinsumos agrícolas, no basta con trasladar la basura a la planta; se necesita que la materia orgánica llegue en condiciones adecuadas para su procesamiento.

La propuesta busca incorporar inicialmente a municipios como Chimalhuacán, Tezoyuca, Papalotla, San Salvador Atenco, Amecameca y Chiconcuac, además de Tepetlaoxtoc, Chiautla, Juchitepec y San Juan Teotihuacán, cuyos representantes participaron en la reunión.

La apuesta de la Biofábrica CEVAMEX es conectar dos necesidades de la región: reducir el volumen de residuos orgánicos que deben ser trasladados o depositados y, al mismo tiempo, generar insumos para una zona con importante actividad agrícola.

Investigaciones del propio INIFAP han documentado el potencial de los residuos orgánicos rurales y urbanos para contribuir a la sostenibilidad agrícola mediante procesos de compostaje y aprovechamiento de materia orgánica.

Además, CEVAMEX mantiene desde hace años actividades de investigación y transferencia tecnológica dirigidas a productores del oriente del Estado de México, particularmente en Texcoco y municipios de su entorno.

Si el proyecto cumple con el calendario previsto, la Biofábrica comenzaría operaciones en diciembre de 2026, con una estimación de 63 empleos directos y entre 80 y 120 indirectos.

Conseguir que los municipios separen y entreguen correctamente sus residuos, establecer rutas de traslado eficientes y garantizar que los bioinsumos producidos realmente lleguen a los agricultores.

De concretarse, Texcoco no solamente recibiría una nueva instalación productiva; se convertiría en el punto de transformación de una parte de los residuos orgánicos de la zona oriente en un recurso destinado nuevamente al campo.

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