* Agresiones exhiben una preocupante sucesión de violencia armada, agresores esperan a sus víctimas, descargan sus armas y escapan, mientras muertos, heridos y vehículos perforados por disparos vuelven a marcar la realidad de una de las regiones más pobladas del país……
Por Raúl Ruíz
El Valle de México vuelve a quedar bajo las balas, en cuestión de horas, Tultepec, Tecámac y Ecatepec fueron escenario de ataques armados que dejaron muertos, heridos y una estela de casquillos, vehículos perforados y escenas acordonadas, una sucesión que desnuda una realidad particularmente inquietante, hombres armados pueden esperar a sus víctimas, perseguirlas, disparar repetidamente y escapar antes de que las corporaciones de seguridad consigan detenerlos.
}No existe hasta ahora información pública que permita establecer que las tres agresiones estén relacionadas, pero tampoco puede ignorarse lo que tienen en común, la utilización de armas de fuego, ataques aparentemente dirigidos, capacidad para escapar y víctimas sorprendidas cuando circulaban en vehículos o se encontraban cerca de sus viviendas, la pregunta inevitable es cuántas cámaras, patrullas y sistemas de vigilancia hacen falta para impedir que matar y huir continúe siendo una operación posible en municipios densamente poblados.
MATAR Y DESAPARECER
Tultepec amaneció este jueves 17 de septiembre con dos personas muertas y otra lesionada, sujetos que se desplazaban en motocicletas alcanzaron una camioneta sobre la calle Galeana, en el paraje de Cantera, cerca de instalaciones del DIF municipal, dispararon repetidamente contra sus ocupantes y escaparon.
Vecinos escucharon las detonaciones y solicitaron auxilio, cuando llegaron policías y paramédicos encontraron a dos personas sin vida dentro de la unidad, otra víctima fue trasladada para recibir atención médica, después llegaron los acordonamientos, las fotografías, los peritos y el levantamiento de indicios, pero quienes accionaron las armas ya no estaban.
La escena resume uno de los grandes problemas de seguridad, la autoridad llega después del ataque, cuando los responsables han conseguido escapar y comienza una carrera para reconstruir mediante casquillos, cámaras y testimonios lo que ocurrió apenas minutos antes.
UNA EMBOSCADA EN TECÁMAC
El ataque contra Carlos Galindo, coordinador de asesores del gobierno de Tecámac, resulta todavía más inquietante por la aparente preparación de la agresión, Galindo y su conductor fueron atacados mientras viajaban en una camioneta por el fraccionamiento Ojo de Agua, la unidad recibió al menos 19 impactos de arma de fuego, ambos resultaron lesionados y posteriormente fueron reportados fuera de peligro.
Las imágenes conocidas después muestran a los presuntos atacantes esperando antes de disparar, un elemento que cambia la dimensión del episodio, porque apunta a una agresión que habría requerido vigilancia previa, elección del lugar y preparación de la huida.
El móvil permanece bajo investigación y sería irresponsable adelantar conclusiones, pero existe una pregunta que las autoridades tendrán que responder, cómo pudieron hombres armados preparar una agresión de esta magnitud, descargar numerosos disparos y abandonar la zona sin ser detenidos inmediatamente.
ECATEPEC SUMA OTRO MUERTO
Mientras Tecámac investigaba el atentado y Tultepec contaba sus víctimas, Ecatepec agregó otra escena a esta cadena de violencia, un hombre fue asesinado a balazos cerca de su domicilio en Santa María Tulpetlac, los disparos rompieron la tranquilidad de la zona y nuevamente los responsables consiguieron escapar.
Después llegaron policías municipales, estatales y personal militar, se delimitó el lugar y comenzaron las diligencias, una secuencia que se ha vuelto dolorosamente conocida, primero las detonaciones, después la víctima en el suelo, posteriormente las patrullas y finalmente una investigación que tendrá que demostrar que los responsables no podrán simplemente desaparecer entre millones de habitantes.
EL DESAFÍO, DETENERLOS
La seguridad pública no puede medirse solamente por número de operativos, patrullas desplegadas o personas revisadas, cuando ocurren ataques de estas características el indicador verdaderamente importante es otro, cuántos responsables son identificados, localizados, detenidos y llevados ante un juez.
Porque cada agresor que consigue escapar alimenta una percepción devastadora, la posibilidad de atacar y sobrevivir al operativo posterior, esa percepción sólo puede romperse mediante investigaciones eficaces y detenciones sustentadas en pruebas.
Tultepec, Tecámac y Ecatepec representan hoy tres investigaciones distintas, pero juntas colocan una señal de alarma sobre el Valle de México, una región donde millones de personas cruzan diariamente calles, avenidas y carreteras mientras grupos armados demuestran capacidad para ejecutar ataques en plena zona urbana.
LAS BALAS LLEGAN PRIMERO
Lo ocurrido durante estas horas deja una fotografía difícil de minimizar, motocicletas utilizadas para aproximarse y escapar, hombres esperando a una víctima, ráfagas contra vehículos, ejecuciones frente a viviendas y corporaciones obligadas a reconstruir los hechos después de consumados.
Las autoridades tienen ahora la responsabilidad de demostrar que las cámaras sirven para identificar, que la inteligencia policial sirve para anticipar y que las investigaciones sirven para detener, porque contar casquillos después de cada ataque no puede convertirse en la respuesta permanente frente a la violencia.
El Valle de México no necesita acostumbrarse al sonido de las detonaciones ni aceptar como inevitable que los agresores lleguen primero y las patrullas después, los expedientes de Tultepec, Tecámac y Ecatepec deberán arrojar responsables, de lo contrario, detrás de los muertos y heridos quedará una señal todavía más peligrosa, la de quienes disparan convencidos de que pueden hacerlo y escapar.


