* A pocos días de su Tercer Informe de Gobierno, la administración de Delfina Gómez presume una inversión acumulada de 55 mil millones de pesos en programas sociales y sostiene que 1.9 millones de mexiquenses salieron de la pobreza, sin embargo, el tamaño del gasto obliga a revisar no sólo cuánto se entregó, sino qué resultados concretos produjo, cuántas personas mejoraron realmente sus condiciones de vida y qué carencias continúan sin resolverse……
Por Mary González
El Gobierno del Estado de México colocó sobre la mesa una de sus cifras más grandes de cara al Tercer Informe de Delfina Gómez Álvarez, 55 mil millones de pesos destinados a programas sociales para adultos mayores, personas con discapacidad, mujeres, comunidades indígenas, niñas, niños y jóvenes, la cantidad es suficientemente alta para convertirse en bandera política, pero también suficientemente grande para exigir una rendición de cuentas mucho más profunda que un spot de gobierno o una cifra acumulada.
La administración insiste además en que 1.9 millones de mexiquenses salieron de la pobreza, una afirmación que en términos políticos resulta poderosa, pero que no debería quedar aislada de otros indicadores, porque reducir pobreza no significa automáticamente que hayan desaparecido las carencias en salud, vivienda, seguridad social, alimentación o acceso efectivo a servicios públicos, menos aún en una entidad donde millones de personas siguen dependiendo de transferencias para completar ingresos familiares.
Mucho dinero, pocas explicaciones desagregadas
El primer problema es que 55 mil millones de pesos, por sí solos, dicen poco, la verdadera pregunta es cómo se distribuyeron, qué porcentaje correspondió a transferencias monetarias, cuánto a apoyos alimentarios, cuánto a personas con discapacidad, cuánto a jóvenes, cuánto a población indígena y cuánto a Mujeres con Bienestar, sin ese desglose, la cifra funciona más como mensaje político que como herramienta para evaluar resultados.
Durante 2026, la Secretaría de Bienestar tenía aprobados 12 mil 744 millones de pesos para operar ocho programas sociales, pero entre enero y julio había ejercido 6 mil 439 millones, equivalente a poco más de la mitad del presupuesto disponible, además, mientras Mujeres con Bienestar registraba un avance de 53.8 por ciento y la pensión para personas con discapacidad alcanzaba 50 por ciento, programas como Desarrollo Indígena con Bienestar y Jóvenes con Bienestar todavía no mostraban avances en ese corte.
Ese dato obliga a matizar cualquier celebración anticipada, porque una política social no se mide únicamente por recursos autorizados o acumulados, también debe evaluarse por la velocidad y calidad con la que el dinero llega a la población objetivo, un programa sin avance presupuestal durante varios meses no resuelve carencias, aunque exista en el presupuesto y aparezca en los discursos oficiales.
Mujeres con Bienestar concentra reflectores
El programa Mujeres con Bienestar se ha convertido en uno de los principales emblemas de la administración, tan sólo durante 2026 el gobierno reporta la entrega de 700 mil tarjetas, dirigidas a mujeres de entre 18 y 59 años, especialmente en condiciones de pobreza, con componentes de apoyo económico, atención médica y opciones para concluir estudios.
La magnitud del padrón, sin embargo, vuelve indispensable revisar cuántas beneficiarias reciben efectivamente todos los componentes prometidos, cuánto reciben en promedio durante el año, cuántas utilizan los servicios médicos, cuántas concluyen niveles educativos y cuántas salen de la condición de pobreza después de permanecer en el programa, porque entregar una tarjeta es una acción administrativa, modificar de manera permanente las condiciones económicas de una familia es un resultado mucho más difícil de demostrar.
TDe 18 mil a 55 mil millones
Existe además un contraste importante con la narrativa del año anterior, en septiembre de 2025, durante la promoción del Segundo Infor-me, el gobierno había hablado de una inversión histórica cercana a 18 mil millones de pesos en programas sociales y entonces también utilizaba la salida de cerca de dos millones de personas de la pobreza como uno de sus principales resultados, ahora la cifra acumulada difundida asciende a 55 mil millones, casi tres veces más.
Ese crecimiento obliga a una explicación precisa, si el gasto social aumentó de manera tan significativa, también tendría que observarse una evolución igualmente clara en las carencias que enfrenta la población, no basta con mostrar cuánto dinero se distribuyó, debe demostrarse cuánto disminuyó la pobreza extrema, cuántas personas obtuvieron acceso permanente a salud, cuántas superaron carencia alimentaria y cuántas dejaron de depender completamente de las transferencias gubernamentales.
Salir de la pobreza no significa vivir sin carencias
Documentos oficiales basados en la ENIGH 2024 todavía ubicaban en el Estado de México a más de 5.5 millones de personas en condición de pobreza, una cantidad que dimensiona el tamaño del desafío social, por ello el gobierno necesita explicar con claridad la metodología y periodo utilizados para sostener que 1.9 millones de personas dejaron esa condición y cómo se distribuye esa mejoría entre los distintos municipios y regiones.
También resulta indispensable distinguir entre mejora temporal del ingreso y transformación estructural, porque una familia puede superar estadísticamente la línea de pobreza por una transferencia monetaria y seguir enfrentando falta de atención médica, vivienda precaria, empleos informales, escuelas deficientes o servicios públicos insuficientes.
El Tercer Informe deberá explicar los resultados
A pocos días del Tercer Informe, la cifra de 55 mil millones seguramente ocupará un lugar central en la narrativa gubernamental, pero debería venir acompañada de padrones auditables, avances presupuestales, indicadores de permanencia, mediciones de impacto y resultados por municipio, porque la política social no puede reducirse a sumar tarjetas entregadas y recursos dispersados.
La pregunta ya no es cuánto dinero se destinó, sino qué cambió realmente con ese dinero, si después de 55 mil millones continúan millones de mexiquenses con carencias, entonces el desafío es saber si los programas están atacando las causas de la pobreza o simplemente administrando sus efectos, la cifra puede ser histórica, pero el verdadero balance dependerá de cuántas familias lograron mejorar de manera permanente su calidad de vida y no de cuántos millones pueda presumir el gobierno en vísperas de su informe.


