Por Mireya Álvarez
En las calles de San Diego La Huerta, en el municipio de Calimaya el silencio de las autoridades ha sido reemplazado por el constante timbre de las notificaciones de WhatsApp; no son mensajes de cortesía, sino alertas de guerra. Los habitantes de las calles Francisco Villa y La Gloria han declarado formalmente el fin de su tolerancia tras capturar, por cuarta vez, a delincuentes en plena acción.
Lo que debería ser tarea de la seguridad pública municipal se ha convertido en una labor civil obligatoria, donde la comunidad ha tenido que perfeccionar su propio sistema de vigilancia ante lo que califican como una “omisión sistemática” de las patrullas.
“Ya estamos cansados de esta situación”, sentencia el comunicado que circula por la zona, dejando claro que la detención y entrega de sospechosos a las autoridades ya no parece ser una solución suficiente para frenar la reincidencia.
La narrativa de los vecinos ha dado un giro drástico, dado que, lo que inició como una red de apoyo vecinal para reportar luminarias fundidas o baches, escaló a un frente de choque. La organización ciudadana logró, en este último episodio, la retención de sujetos que operaban con impunidad en el cuadrante mencionado.
Más allá de la denuncia, el tono del mensaje vecinal ha pasado de la petición de auxilio a la “advertencia directa”, el hartazgo ha gestado un ambiente de “justicia comunitaria” que pone en jaque el Estado de Derecho en la región; ya que se recordará de cuatro incidentes graves en el mismo sector sin cambios en la estrategia oficial; ante ello, la comunidad advierte que el próximo delincuente sorprendido no será entregado pacíficamente; la “justicia” será ejecutada por el pueblo.
Es por ello que la exigencia, es un refuerzo inmediato y real de la vigilancia antes de que la escalada de violencia cobre dimensiones irreversibles.
La moneda está en el aire para las autoridades de Calimaya, o recuperan el control de Francisco Villa y La Gloria, o permiten que el vacío de poder sea llenado definitivamente por el juicio de la calle.


