Por Karina A. Rocha Priego
Hay entrevistas que fortalecen la imagen de un gobernante, otras, en cambio, terminan por exhibir sus debilidades y la reciente participación del presidente municipal de Calimaya, Omar Guillermo Sánchez, en entrevista a un medio de comunicación digital, pertenece, sin duda, al segundo grupo. La política siempre ha sido un escenario donde la forma y el fondo pesan por igual, un gobernante puede enfrentar críticas por decisiones polémicas y aun así conservar credibilidad si demuestra conocimiento, dominio de los temas y capacidad para asumir responsabilidades, pero cuando una entrevista termina revelando desconocimiento sobre las obligaciones más elementales del cargo, el problema deja de ser de comunicación y se convierte en un asunto de gobernabilidad, y eso fue exactamente lo que ocurrió con Omar Guillermo Sánchez, quien no fortaleció su imagen, sino que terminó confirmando muchas de las dudas que desde hace meses circulan entre los habitantes del municipio.
Improvisación no gobierna
Existe una diferencia enorme entre cometer un error y exhibir desconocimiento, ningún presidente municipal está obligado a memorizar cada cifra del presupuesto, pero sí debe conocer los indicadores esenciales que permiten entender cómo funciona la administración que dirige, el ingreso por predial, la recaudación de agua potable, el costo aproximado de un programa de bacheo o la planeación financiera anual que no son datos secundarios, constituyen el lenguaje cotidiano de cualquier alcalde.
Cuando esas respuestas no llegan, el mensaje resulta inevitable, quien dirige el Ayuntamiento parece no dominar la información indispensable para tomar decisiones, esa percepción se vuelve grotesca cuando el propio alcalde intenta justificar sus limitaciones con la frase “yo no soy político”, quizá pretendía transmitir cercanía con la ciudadanía o marcar distancia de la vieja clase política, pero terminó enviando un mensaje completamente distinto, gobernar no consiste en presumir que no se pertenece a la política, consiste precisamente en ejercerla con responsabilidad, conocimiento y resultados.
Esta situación ya se veía venir, no sólo con el alcalde de Calimaya, sino con casi todos los servidores públicos emanados de Morena, quienes fueron lanzados al sistema político, sin preparación, sin experiencia, ni siquiera con buenas intenciones, fueron favores pagados con los que se pretendió demostrar al pueblo de México que “cualquiera puede” y si, “cualquiera pudo” y hoy el país se desmorona a pasos agigantados. La ciudadanía no eligió a un comentarista ni a un espectador de los problemas municipales, eligió al responsable de administrar recursos públicos, coordinar servicios, planear obras y responder ante las emergencias, quien acepta competir por un cargo de elección popular también acepta la obligación de prepararse para ejercerlo.
Excusas no sustituyen la gestión
Uno de los momentos más reveladores de lo comentado por Guillermo Sánchez, fue la explicación ofrecida sobre las inundaciones que afectan a varias zonas del municipio, el argumento central consistió en pedir paciencia mientras llegan recursos estatales pero, ¿qué no los recursos estatales llegan puntuales mes con mes? o, ¿será que a Calimaya no le llegan los recursos? Los municipios o, mejor dicho, un alcalde, conoce con anticipación el calendario de participaciones estatales, elaboran presupuestos anuales, aprueban programas de inversión y establecen prioridades precisamente para enfrentar contingencias previsibles, las lluvias no comenzaron por sorpresa, cada año forman parte del ciclo natural que obliga a limpiar drenajes, desazolvar canales y ejecutar obras preventivas.
Cuando un gobierno espera que llegue el problema para comenzar a buscar soluciones, en realidad demuestra que nunca existió una estrategia preventiva, y eso representa una falla de planeación. La administración municipal no puede, ni debe, trasladar todas sus responsabilidades al gobierno estatal, esa práctica se ha convertido en una costumbre recurrente de autoridades morenistas que utilizan la dependencia financiera como argumento para justificar la falta de resultados; sin embargo, administrar también significa priorizar, reorganizar recursos y responder con oportunidad, no esperar instrucciones externas para actuar.
Gobernar, exige conocer la ley otro episodio preocupante surgió cuando el presidente municipal abordó el tema del transporte público, al plantear la posibilidad de dialogar con dirigentes de bases de taxis para reducir tarifas, pero dejó en claro su desconocimiento sobre las competencias legales de cada nivel de gobierno, la regulación tarifaria corresponde a la autoridad estatal, mientras que el municipio participa en tareas distintas relacionadas con la supervisión y el ordenamiento.
Estarán de acuerdo en que, quien desconoce los límites de sus atribuciones difícilmente podrá gestionar soluciones eficaces, la administración pública funciona precisamente porque cada autoridad conoce sus responsabilidades y coordina esfuerzos dentro del marco legal, cuando esas fronteras institucionales se confunden, aparecen decisiones improvisadas que generan expectativas imposibles de cumplir.
Los ciudadanos no distinguen zonas de primera y de segunda
Peor aún, queridos lectores, el tratamiento que el alcalde ha dado a los fraccionamientos del municipio es deplorable; durante años estas zonas han sido presentadas como espacios distintos al resto de las comunidades tradicionales, cuando en realidad forman parte importante del mismo municipio.
Quienes habitan los fraccionamientos pagan predial, contribuyen al financiamiento del Ayuntamiento y tienen exactamente los mismos derechos que cualquier ciudadano de la cabecera o de las delegaciones y pretender reducirlos a un problema administrativo implica desconocer su importancia económica y social.
Mientras tanto, basta recorrer La Huerta, Zaragoza de Guadalupe, San Andrés Ocotlán, San Marcos de la Cruz, Santa María Nativitas, San Bartolito o la propia cabecera para encontrar calles deterioradas, luminarias deficientes, baches persistentes, drenajes insuficientes y servicios públicos que avanzan con lentitud.
El deterioro no distingue origen, nivel socioeconómico ni preferencias políticas, afecta por igual a todos los habitantes, justamente por eso el gobierno tampoco debería establecer diferencias.
La confianza también se administra
A los problemas operativos se suman otros elementos que tampoco pueden ignorarse, las inconformidades por los efectos del relleno sanitario, las renuncias de funcionarios durante los primeros meses de gobierno y la percepción creciente de falta de coordinación interna alimentan una narrativa poco favorable para la administración municipal.
La política admite errores, incluso perdona equivocaciones cuando existe capacidad para corregirlas, lo que no tolera es la improvisación permanente; un gobierno que improvisa transmite incertidumbre y una administración que desconoce sus propias responsabilidades termina gobernando a ciegas.
El “yo no soy político” pudo haber buscado simpatía, pero terminó sintetizando el mayor problema del gobierno municipal, administrar un Ayuntamiento exige preparación, conocimiento del marco jurídico, dominio de las finanzas públicas, capacidad de gestión y liderazgo institucional, ninguna de esas condiciones puede sustituirse con ocurrencias o transmisiones en redes sociales.
Los ciudadanos no votan para escuchar justificaciones, votan para obtener soluciones, porque el cargo de presidente municipal no admite periodos de aprendizaje prolongados, cada día de improvisación representa un día menos de gobierno efectivo y un día más de rezago para Calimaya.



