Por Karina A. Rocha Priego
La narrativa oficial de la llamada Cuarta Transformación se construyó durante años sobre una promesa simple y poderosa, acabar con la corrupción que durante décadas había caracterizado a los gobiernos del PRI y del PAN, ese discurso permitió a Morena conquistar la Presidencia de la República, la mayoría de los congresos estatales, decenas de gubernaturas y miles de cargos públicos en todo el país; sin embargo, conforme avanzan los años de gobierno, la distancia entre el discurso y la realidad comienza a volverse cada vez más difícil de ocultar.
Los escándalos recientes que involucran a funcionarios, exfuncionarios y personajes cercanos al movimiento gobernante muestran que la corrupción no desapareció, simplemente cambió de protagonistas, porque aunque desde Palacio Nacional se insiste en que el problema ya no existe como en el pasado, los hechos revelan una realidad mucho más compleja y preocupante: efectivamente, hoy la corrupción se ha “profesionalizado” con la 4T.
El fantasma del huachicol fiscal
El caso que actualmente genera mayor preocupación es el denominado huachicol fiscal, una red de importación irregular de combustibles que habría operado durante años mediante esquemas de evasión tributaria, clasificación falsa de mercancías y posibles actos de complicidad dentro de diversas áreas gubernamentales, los montos involucrados son multimillonarios y las investigaciones han comenzado a acercarse peligrosamente a personajes relacionados con la estructura política que gobierna el país.
Lo verdaderamente grave no es solamente el posible daño al erario, sino la pregunta que millones de mexicanos se hacen, ¿cómo pudo funcionar durante tanto tiempo un esquema de semejante magnitud sin que ninguna autoridad detectara anomalías?, resulta difícil creer que movimientos de esa escala hayan pasado completamente desapercibidos para las instituciones encargadas de vigilar el comercio exterior, las aduanas y la recaudación fiscal.
La explicación oficial sigue siendo insuficiente y cada nueva revelación alimenta la percepción de que la corrupción encontró nuevas formas de adaptarse bajo el amparo de quienes prometieron erradicarla.
Segalmex, la herida que sigue abierta
Si existe un caso que simboliza el fracaso del discurso anticorrupción es Segalmex, considerado por numerosos especialistas como el mayor escándalo de corrupción registrado durante la administración de Andrés Manuel López Obrador.
Durante años se prometió que el asunto sería esclarecido por completo, sin embargo, pese a detenciones, procesos judiciales e investigaciones en curso, siguen existiendo dudas sobre la profundidad de las responsabilidades políticas y administrativas que permitieron el desfalco.
La magnitud del daño patrimonial convierte este caso en una referencia obligada cada vez que Morena intenta presentarse como una fuerza política diferente a sus antecesores, porque resulta imposible sostener una superioridad moral cuando una de las instituciones creadas por el propio gobierno termina involucrada en uno de los mayores saqueos de recursos públicos de los últimos años.
La ciudadanía observa con razón que las explicaciones han sido insuficientes y que las responsabilidades políticas parecen diluirse conforme avanza el tiempo.
La tentación del poder absoluto
Otro problema que comienza a manifestarse en diversas entidades gobernadas por Morena es la creciente concentración de poder, alcaldes, diputados, gobernadores y funcionarios que llegaron al cargo bajo la bandera de la austeridad y la transformación hoy enfrentan señalamientos relacionados con nepotismo, favoritismo, contratos cuestionables y uso discrecional de recursos públicos.
No se trata únicamente de delitos comprobados, sino de una percepción pública que se fortalece cuando las autoridades reaccionan con lentitud o cuando los procesos de investigación parecen avanzar solamente contra adversarios políticos mientras los aliados reciben un trato distinto, bastante notorio.
La corrupción no siempre se expresa mediante maletas llenas de dinero o cuentas bancarias ocultas, también se manifiesta cuando las instituciones dejan de actuar con independencia y se convierten en herramientas para proteger intereses de grupo.
El costo para Morena
El principal riesgo para Morena no proviene de la oposición, cuya debilidad continúa siendo evidente en buena parte del país, el verdadero peligro surge de sus propias contradicciones.
Durante años el movimiento construyó su legitimidad sobre la promesa de honestidad y combate frontal a los privilegios, por ello cada escándalo de corrupción tiene un impacto mucho mayor que el que tendría en cualquier otro partido político, porque golpea directamente el corazón de su discurso fundacional.
Los ciudadanos pueden tolerar errores administrativos, diferencias ideológicas o incluso decisiones impopulares, lo que difícilmente perdonan es la sensación de haber sido engañados y México ha sido verdaderamente engañado, burlado.
A medida que se acercan las elecciones de 2027, Morena enfrentará el desafío de demostrar que su compromiso con la transparencia sigue vigente y que no se ha convertido en aquello que durante años criticó con tanta vehemencia.
La historia política mexicana demuestra que ningún partido está vacunado contra la corrupción, el poder prolongado suele generar excesos, redes de protección y tentaciones que terminan alejando a los gobiernos de los principios que originalmente les dieron legitimidad.
Hoy la pregunta ya no es si existen casos de corrupción vinculados a personajes cercanos a Morena, porque los hechos muestran que sí los hay, la verdadera interrogante es si el partido gobernante tendrá la voluntad política para investigarlos hasta sus últimas consecuencias, incluso cuando los responsables pertenezcan a sus propias filas, porque sólo entonces podrá demostrar que la lucha contra la corrupción era una convicción auténtica y no únicamente una eficaz estrategia electoral.
Sin embargo, queda claro que la 4T, sí llegó a transformar: “chairos convertidos en servidores públicos” y “morenistas pobres en morenistas multimillonarios”, ese sí ha sido un cambio más que notorio.


