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Denuncian “pobreza de tiempo” como la barrera invisible de las mujeres en México

Por Mireya Álvarez

“El tiempo no es neutral”, con esta contundente premisa, la magistrada del Tribunal Electoral del Estado de México (TEEM), Martha Patricia Tovar Pescador, inauguró la conferencia magistral que puso sobre la mesa la deuda más invisible del Estado con las mujeres, los minutos y horas que se pierden en el trabajo no remunerado y que anulan su participación política.

La ponencia, impartida por la Gabriela Azucena Morales Cruz, especialista en género y economía, reveló una realidad cruda respaldada por cifras del INEGI, mientras las mujeres dedican un promedio de 39.7 horas semanales al trabajo doméstico y de cuidados no remunerado, los hombres apenas alcanzan las 18.2 horas.

Morales Cruz describió una geografía doméstica que limita la libertad femenina, según la especialista, el diseño de la vida diaria obliga a las mujeres a trazar rutas para que la escuela, el mercado y el cuidado de los padres queden “de paso” al trabajo, una carga mental que los varones rara vez asumen.

“Si trazamos rutas dentro de la casa, los lugares más caminados por las mujeres son la cocina y el área de lavado; la sala no se camina; a veces el baño es el único refugio de cinco minutos donde nadie nos interrumpe”, señaló.

El impacto de esta sobrecarga no es solo estadístico; es humano y estructural, en este sentido, la conferencia destacó que esta desigualdad genera dependencia económica, al trabajar medios tiempos para poder cuidar, las mujeres limitan sus ingresos; agotamiento crónico, por la sensación de “despertar ya cansada” por la carga mental de gestionar la agenda de toda la familia; y pobreza política; si no hay tiempo para el descanso o el sueño, mucho menos lo hay para la reunión colectiva, el debate o la ocupación de cargos de liderazgo.

Uno de los puntos más álgidos fue la explicación de la “curva de vida”; mientras los hombres mantienen trayectorias lineales, las mujeres enfrentan una caída en su desarrollo profesional y personal cuando la familia crece.

Lo más alarmante, advirtió la especialista, es que tras el cuidado de los hijos llega el cuidado de adultos mayores, una etapa que puede ser “interminable” debido a enfermedades crónicas y que recae casi exclusivamente en las hijas, hermanas o esposas por un mandato social, no por una capacidad biológica superior.

Tanto la magistrada Tovar Pescador como la ponente coincidieron en que no se trata de una lucha contra los hombres, sino contra una estructura sistémico. “Sin tiempo no hay participación. Si tenemos pobreza de tiempo, tenemos pobreza política”, sentenciaron.

El evento cerró con un llamado a la colectividad, la solución, propusieron, es sacar el cuidado del ámbito individual y privado para devolverlo a lo comunitario y público, exigiendo que las instituciones se adapten a las necesidades reales de quienes hoy sostienen la vida con su tiempo regalado.

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