CAMBIANDO DE TEMA

Derrumbe de un operador intocable

Por Karina A. Rocha Priego

Origen de un intocable

Hablar de Isidro Pastor Medrano “Chilo” es regresar a una época oscura del priismo mexiquense, a esos años en que las complicidades eran tan densas que parecían paredes de concreto.

Pastor no sólo fue protegido; fue blindado, elevado y celebrado por un sistema político que veía en él a un operador eficaz, aunque su eficacia casi siempre estuvo acompañada de un tufo de abuso, prepotencia y cinismo; su comportamiento público -y privado- fue el de un truhan clásico, de esos que aprendieron pronto que en el viejo régimen la impunidad no era un privilegio, sino una herramienta de trabajo.

No es un secreto, y menos para quienes lo conocieron de cerca, que Pastor construyó su carrera al amparo de los poderosos, mientras desentendía las responsabilidades más básicas, no deja de ser revelador que, mientras presumía cargos, camionetas, escoltas y una vida de lujo financiada por el erario, fuera incapaz de cumplir con algo tan elemental como la manutención de sus hijos.

Hubo que acompañar a su entonces esposa, Mónica, y a sus dos pequeños para exigirle, ante la ley, lo que él creía que podía evadir con la misma facilidad con la que evadía cualquier obligación moral, sólo tras una resolución judicial y a regañadientes aceptó pagar, demostrando que su arrogancia era tan grande como su sentido de impunidad.

Construcción de un cacique

El “Comandante Pastor” -como le gustaba ser llamado, con esa mezcla de grandilocuencia y delirio de poder- consolidó su carrera durante el sexenio montielista, donde su lealtad al régimen le abrió las puertas de una diputación local en 1999 y, después, la dirigencia estatal del PRI, desde donde operó con la mano dura de los viejos caciques: controló elecciones, alineó estructuras y presidió la Gran Comisión del Congreso mexiquense entre 2000 y 2003, convirtiéndose en el operador perfecto para un sistema que premiaba la obediencia y castigaba la conciencia.

No faltan testimonios ni publicaciones que señalan cómo, desde ese cargo, debilitó al PAN, entonces con una presencia relevante en la Legislatura, tanto que varios diputados panistas se declararon independientes tras recibir “cheques extraordinarios”, un episodio más de la vieja escuela: transacciones políticas disfrazadas de acuerdos institucionales.

En 2005, Pastor intentó desafiar a Enrique Peña Nieto en la carrera por la gubernatura, grave error estratégico: nadie retaba al candidato del sistema sin pagar el precio. Pastor lo pagó caro: fue expulsado, marginado y condenado al ostracismo político, aunque no por mucho tiempo, ya que en el priismo mexiquense las caídas eran temporales y los regresos casi siempre negociados.

Tan es así, que Eruviel Ávila lo rescató, lo reinsertó en la administración pública y lo convirtió en secretario de Desarrollo Metropolitano y posteriormente de Movilidad, y Pastor volvió, como vuelven siempre los personajes que saben demasiado.

Señor de las cajas de huevo

En 2017 buscó la gubernatura como “independiente”, pero su candidatura se desplomó cuando el IEEM detectó firmas falsas, en 2020 reapareció nuevamente al frente del extinto PES, pues su capacidad para reciclarse es casi tan sorprendente como la lista de escándalos que arrastra.

La historia de Pastor no es sólo la de un individuo: es el retrato nítido del viejo régimen que lo creó, lo protegió y lo utilizó… hasta que dejó de servir y, cuando eso ocurre, los escudos se caen y las cuentas pendientes comienzan a perseguir a quienes siempre creyeron que nunca les llegaría el día.

Indiscutiblemente, los “tiempos de la dirigencia estatal del PRI” para Isidro Pastor Medrano, fueron los de mayor abundancia. Entonces, todo era obediencia y la mayoría priista en Congreso y alcaldías mexiquenses, le hicieron tener todo a su favor y a sus pies.

Es más, a “Chilo” se le recuerda, bastante bien, por las famosas “cajas de huevo llenas de dinero en efectivo”, cajas que, incluso, muchas de esas eran guardadas en su propio domicilio, ya que todo, en ese entonces, se pagaba en efectivo:

Medios de comunicación -incluso, presume la compra de medios electrónicos, asociado con personajes de “nivel” dedicados a la comunicación-, operadores políticos, votos, compras y contrataciones de toda índole, toda clase de viáticos, todo, absolutamente todo, era con dinero en efectivo y todo, queridos lectores, era operado por Isidro Pastor.

Las campañas oscuras contra contrincantes políticos, la compra de voluntades, no importaba de qué tamaño fuera de lo que Pastor se tuviera que “adueñar”, tenía siempre con qué.

Por ello, no es de extrañarse lo que ahora, legalmente, está sucediendo con el “Comandante Pastor”, protegido de Enrique Peña Nieto durante mucho tiempo, hasta que “alguien ordenó lo dejaran fuera de toda jugada política”, y es que, Peña Nieto, sepan ustedes, también se vio altamente beneficiado por el “cajas de huevo repletas de dinero”.
Colapso del último operador

La detención de Isidro Pastor el 21 de noviembre de 2025 no sólo representa el fin de una larga cadena de privilegios: simboliza el derrumbe definitivo de un personaje que, durante décadas, se movió con total impunidad entre las cloacas del poder mexiquense.

Su arresto, ejecutado por la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana en cumplimiento de una orden de aprehensión de la FGR, desmonta el mito del operador intocable y confirma lo que desde hace años era un secreto a voces: Pastor construyó su imperio político y económico con métodos que hoy lo tienen al borde del colapso judicial.

El expediente que enfrenta no es menor, se habla de un inmueble valuado en 40 millones de pesos en 2013 y los depósitos bancarios sin sustento legal en sus cuentas personales no son simples “inconsistencias”, sino piezas de un rompecabezas que apunta a un enriquecimiento sistemático e inexplicable para cualquier funcionario con sueldo oficial; la narrativa del operador eficaz se desvanece cuando la FGR exhibe los rastros financieros que él siempre creyó que podría ocultar.

Paradójicamente, “Chilo” cayó justo cuando intentaba regresar a escena, pues en julio de 2025 reapareció en reuniones con algunos actores del viejo priismo para intentar recomponer estructuras, influir en candidaturas y negociar espacios para las elecciones de 2027.

El caso Pastor confirma que, aunque tarde, el escrutinio federal finalmente alcanzó a uno de los personajes más oscuros del ecosistema priista y su futuro inmediato dependerá del avance de las diligencias, pero su futuro político ya está sellado: el último operador del viejo régimen enfrenta ahora la realidad que siempre creyó poder eludir.

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