* Estado de México lidera nuevamente las cifras de mujeres desaparecidas mientras la crisis nacional sigue creciendo sin resultados contundentes……
La desaparición de mujeres en México continúa avanzando co mo una de las tragedias más graves y dolorosas del país, una crisis que lejos de disminuir sigue expandiéndose y exhibiendo la incapacidad de las instituciones para garantizar la seguridad de miles de personas, particularmente en entidades como el Estado de México, donde las cifras vuelven a colocar a la entidad en el primer lugar nacional de mujeres desaparecidas.
El más reciente informe elaborado por las organizaciones Red Lupa y el Instituto Mexicano de Derechos Humanos y Democracia revela que entre mayo de 2025 y mayo de 2026 aumentó el número de mujeres de saparecidas en 26 estados del país, un dato que confirma que las estrategias gubernamentales implementadas durante los últimos años no han logrado contener una problemática que se ha convertido en una emergencia nacional.
Los números resultan alarmantes, México acumula 134 mil 257 personas desaparecidas al corte de mayo de 2026, de las cuales 29 mil 27 corresponden a mujeres, mientras que más de 104 mil son hombres y en casi 400 casos no existe información sobre la identidad de género de las víctimas, además el fenómeno creció 4.33 por ciento en apenas un año.
El Estado de México encabeza una lista vergonzosa
Si las cifras nacionales son preocupantes, la situación del Estado de México resulta todavía más grave, pues la entidad concentra más de cinco mil mujeres desaparecidas, superando ampliamente a estados como Tamaulipas, Ciudad de México, Nuevo León y Jalisco.
La estadística coloca nuevamente al territorio mexiquense como el principal foco rojo del país, una posición que ha mantenido durante años y que evidencia que los esfuerzos institucionales no han sido suficientes para revertir la tendencia.
La gravedad del problema no radica únicamente en los números, sino en lo que representan, miles de familias que viven entre la incertidumbre, madres que recorren fiscalías, hospitales y parajes abandonados, colectivos que realizan búsquedas con recursos propios y comunidades enteras marcadas por el miedo.
Paradójicamente, mientras el Estado de México presume avances en seguridad, tecnología, videovigilancia y coordinación policial, la desaparición de mujeres continúa siendo una de las principales deudas pendientes de las autoridades.
Las familias han denunciado durante años investigaciones lentas, falta de seguimiento a denuncias, deficiencias en la búsqueda inmediata y una burocracia que frecuentemente obliga a los propios familiares a convertirse en investigadores para localizar a sus seres queridos.
Una crisis que sigue creciendo
El informe también revela que 28 estados registraron incrementos generales en desapariciones durante el último año, lo que demuestra que el problema está lejos de ser controlado.
Especialistas advierten que la población entre 25 y 29 años sigue concentrando la mayor cantidad de casos, una situación que afecta principalmente a mujeres jóvenes que enfrentan múltiples factores de vulnerabilidad relacionados con la violencia de género, la trata de personas, la delincuencia organizada y la inseguridad cotidiana.
La persistencia de esta crisis debería obligar a una revisión profunda de las políticas públicas implementadas tanto a nivel federal como estatal, porque los resultados muestran que las estrategias actuales no están funcionando al ritmo que exige la magnitud del problema.
Más preocupante aún es que las cifras corren el riesgo de convertirse en simples estadísticas cuando detrás de cada expediente existe una persona ausente, una familia rota y una búsqueda que en muchos casos se prolonga durante años sin respuestas.
La permanencia del Estado de México en el primer lugar nacional de desaparición de mujeres constituye una señal inequívoca de que la entidad enfrenta una emergencia humanitaria que no puede seguir minimizándose ni ocultándose detrás de discursos oficiales.
Mientras las autoridades presentan informes, realizan reuniones y anuncian nuevas estrategias, miles de familias continúan esperando lo más elemental, encontrar a sus hijas, hermanas, madres o esposas y conocer la verdad sobre su destino, una exigencia que sigue sin ser atendida con la eficacia y urgencia que demanda una de las crisis más profundas que enfrenta el país.


