El Estado de México enfrenta una de las crisis hídricas más graves del país, al ubicarse en el penúltimo lugar nacional en disponibilidad de agua renovable por habitante, escenario que refleja el deterioro progresivo de los recursos naturales y la creciente presión que ejercen el desarrollo urbano y el aumento poblacional sobre el suministro del líquido.
Actualmente, la entidad apenas dispone de 268 metros cúbicos de agua por habitante al año, cifra muy por debajo de la media nacional de 549 metros cúbicos, situación que evidencia la magnitud del problema hídrico que enfrenta una de las zonas más pobladas del país.
La reducción en la disponibilidad de agua no es un fenómeno reciente, durante las últimas décadas México ha registrado una caída drástica en el acceso al recurso por persona, pasando de más de 17 mil metros cúbicos por habitante a poco más de 3 mil 600, mientras que para el año 2030 las proyecciones anticipan un escenario todavía más crítico.
El problema se agrava por el uso ineficiente del agua en sectores como la agricultura y la industria, actividades que concentran gran parte del consumo concesionado, mientras millones de familias enfrentan diariamente escasez, tandeos, baja presión y dependencia de pipas para cubrir necesidades básicas.
En municipios del Valle de México y la zona oriente mexiquense, los problemas de suministro se han convertido en una constante que afecta directamente la calidad de vida de la población, especialmente en colonias donde el servicio llega de manera irregular o simplemente no alcanza para cubrir la demanda.
A ello se suman factores como la sobreexplotación de mantos acuíferos, la contaminación de ríos y cuerpos de agua, además del crecimiento urbano desordenado que continúa reduciendo las zonas de recarga natural.
El panorama obliga a replantear las políticas públicas relacionadas con el manejo del agua, fortalecer la infraestructura hidráulica y promover medidas de ahorro y reutilización del recurso.
La crisis hídrica ya dejó de ser una amenaza futura, hoy representa un problema ambiental, económico y social que impacta diariamente a millones de mexiquenses y que podría agravarse si no se toman decisiones urgentes para garantizar el acceso sostenible al agua.


