* El aplazamiento de la modernización de la Línea A vuelve a dejar bajo presión a miles de usuarios de La Paz y municipios vecinos, mientras saturación, inundaciones y crecimiento urbano exhiben una infraestructura que avanza más lento que la demanda……
Por Efraín Morales Moreno
El oriente del Valle de México continúa acumulando pasajeros, tiempos perdidos, saturación y una infraestructura que desde hace años resulta insuficiente para la dimensión de la población que diariamente se desplaza hacia la Ciudad de México, el retraso de la modernización de la Línea A del Metro vuelve a colocar el problema sobre la mesa, porque esta ruta no es solamente una conexión entre Pantitlán y La Paz, sino uno de los principales accesos metropolitanos para habitantes de Los Reyes, La Paz, Valle de Chalco, Chalco y comunidades cercanas que dependen de ella para estudiar, trabajar y realizar actividades cotidianas.
Una línea sometida a presión cotidiana
La terminal de La Paz funciona desde hace décadas como uno de los puntos más importantes de transferencia del oriente metropolitano, desde ahí confluyen usuarios provenientes de distintos municipios y corredores carreteros, la presión sobre esta infraestructura no es nueva, estudios oficiales han documentado que los distritos de Valle de los Reyes y Metro La Paz-Los Reyes concentran cientos de miles de viajes, una dimensión que permite entender por qué cualquier falla, retraso o reducción de velocidad en la Línea A termina multiplicándose rápidamente en andenes saturados, unidades llenas y traslados cada vez más largos.
El problema es que la demanda ha crecido mientras la infraestructura envejece, por ello, cada anuncio de rehabilitación genera expectativas entre usuarios acostumbrados a viajes incómodos y tiempos impredecibles, cuando esas intervenciones se aplazan, el mensaje que reciben miles de habitantes del oriente es que tendrán que continuar soportando una movilidad que consume horas de su vida sin una solución integral en el corto plazo.
Inundaciones agravan una infraestructura vulnerable
A la saturación se suma otro problema que durante septiembre volvió a quedar expuesto, las lluvias e inundaciones han afectado corredores estratégicos del Valle de México, provocando interrupciones, tráfico y complicaciones en rutas que alimentan el sistema de transporte masivo, cuando vialidades principales quedan bajo el agua o disminuyen su capacidad, miles de usuarios terminan concentrándose en alternativas igualmente saturadas.
La vulnerabilidad resulta especialmente delicada porque el oriente depende de una red limitada de accesos hacia la capital del país, cualquier contingencia en la México-Puebla, la México-Texcoco, Avenida Central o los sistemas masivos provoca efectos en cadena, el resultado son trabajadores llegando tarde, estudiantes atrapados durante horas y familias obligadas a invertir una parte creciente de su jornada solamente en trasladarse.
Las nuevas obras todavía no resuelven el rezago
El gobierno ha colocado parte de sus expectativas en proyectos como el corredor Chalco-Santa Martha, concebido para conectar Chalco, Valle de Chalco y La Paz con Iztapalapa, la propia planeación gubernamental reconoce que millones de habitantes del oriente requieren mejores alternativas y estima que este sistema podría alcanzar hasta 230 mil pasajeros diarios en su etapa máxima.
Pero una nueva línea no elimina automáticamente los problemas de las existentes, la Línea A seguirá siendo indispensable y continuará recibiendo una enorme cantidad de pasajeros, por ello su modernización no puede tratarse como una obra secundaria ni seguir desplazándose en el calendario sin consecuencias para quienes diariamente dependen de ella.
El costo lo pagan los usuarios
En el oriente mexiquense la movilidad sigue siendo una deuda que se mide en horas, cansancio y oportunidades perdidas, mientras la población aumenta y las distancias laborales se mantienen, la infraestructura avanza con demasiada lentitud.
Modernizar la Línea A, proteger los corredores contra inundaciones, mejorar los centros de transferencia y articular realmente los nuevos sistemas no debería presentarse como una colección de proyectos aislados, sino como una obligación metropolitana urgente, porque mientras las obras se retrasan, quienes no pueden posponer sus viajes son los habitantes del oriente.


