* Vecinos exhiben al poder y autoridades responden borrando la protesta……
El conflicto en Tultitlán escaló de la inconformidad al acto simbólico de resistencia, habitantes de varias colonias decidieron rebautizar sus calles como forma de protesta ante la imposición del nombre “Cuarta Transformación” a su comunidad, una decisión tomada sin consulta que hoy evidencia el divorcio entre autoridades y ciudadanía.
Protesta que incomoda
Lejos de limitarse a pancartas o consignas, vecinos de Fimesa 1, 2 y 3 optaron por modificar la nomenclatura urbana con mensajes directos y provocadores, los nuevos letreros no fueron casuales, nombres como “Fosas clandestinas”, “Huachicol fiscal”, “Narcoestado” o “Ecocidio Tren Maya” reflejan una crítica frontal al discurso oficial, mientras que la propuesta de renombrar la zona como “Transfor mación de Cuarta” sintetiza el hartazgo social ante lo que consideran una narrativa vacía.
La respuesta institucional no fue el diálogo, sino la censura inmediata, autoridades municipales ordenaron retirar los letreros, intentando borrar la protesta en lugar de atender su origen, una reacción que confirma la incapacidad de escuchar y procesar el descontento ciudadano.
Imposición sin consulta
El origen del conflicto se remonta a noviembre de 2024, cuando el Cabildo aprobó el cambio de nombre de la comunidad sin someterlo a consulta pública, una decisión que, lejos de fortalecer identidad, generó rechazo y desconfianza, al percibirse como una imposición política ajena a la historia y arraigo de los habitantes.
Para los vecinos, no se trata solo de un nombre, sino de una identidad construida durante décadas, alterar esa referencia sin consenso representa un acto de autoritarismo que ignora el sentido de pertenencia y el tejido social.
Abusos y despojo
La tensión aumentó en diciembre del mismo año, cuando, según denuncias, se registraron desalojos y demoliciones de viviendas en la zona, acciones que los habitantes califican como abusos de autoridad, señalan que muchas familias llevan más de 30 años asentadas en terrenos del ejido de San Francisco Chilpan, lo que agrava la percepción de despojo y vulnerabilidad.
Más que un conflicto administrativo, lo que emerge es una crisis de confianza, donde las decisiones gubernamentales se perciben como amenazas al patrimonio y estabilidad de las familias.
Silencio oficial
Hasta ahora, el gobierno municipal ha optado por el silencio o respuestas parciales, sin ofrecer una postura clara sobre las acusaciones ni sobre las demandas de los vecinos, una omisión que alimenta la inconformidad y deja el conflicto abierto.
Los habitantes han hecho un llamado a instancias estatales y federales para intervenir, revisar la legalidad del cambio de nomenclatura y esclarecer las acciones emprendidas en la zona, sin embargo, la falta de respuesta refuerza la sensación de abandono institucional.
Protesta que evidencia
Lo ocurrido en Tultitlán no es un hecho aislado, sino un síntoma de una forma de gobernar donde las decisiones se toman desde arriba y la ciudadanía es relegada a un papel pasivo, la reacción de los vecinos demuestra que el descontento no solo existe, sino que busca nuevas formas de expresarse.
Borrar letreros no elimina el problema, solo lo hace más visible, porque cuando la autoridad ignora, la calle responde, y en este caso, lo hizo con nombres que incomodan, pero que retratan una realidad que el poder prefiere no leer.


