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ISSEMyM, rescate que no llega

* Gobierno aplaza solución mientras crece la deuda……

Por Martha Romero

El “rescate financiero” del Instituto de Seguridad Social del Estado de México y Municipios vuelve a posponerse, la Secretaría de Finanzas del Estado de México ha decidido extender durante todo 2026 la integración de la reforma que supuestamente saneará al ISSEMyM, una decisión que más que reflejar avance, exhibe la falta de definiciones en uno de los problemas más graves del aparato público mexiquense, mientras tanto, la deuda crece, el servicio se deteriora y los derechohabientes siguen pagando el costo de la inacción.

Hasta febrero de este año, el propio instituto reconocía un adeudo acumulado de 7 mil 005 millones de pesos por parte de municipios, organismos y dependencias, una cifra que no solo evidencia el tamaño del problema, sino también la incapacidad histórica para cobrar, sancionar y ordenar las finanzas internas, porque si los entes obligados a aportar simplemente no lo hacen, el sistema entero colapsa.

Promesas que se administran, no se resuelven

El titular de Finanzas, Óscar Flores Jiménez, asegura que “van muy bien” y que los trabajos avanzan gradualmente, pero la realidad es otra, la iniciativa que debía marcar un punto de quiebre se aplaza hasta la entrega del Paquete Fiscal 2027, es decir, se patea el problema hacia adelante, se administra políticamente y se evita tomar decisiones de fondo en el corto plazo.

Este tipo de discursos no es nuevo, el ISSEMyM lleva años siendo diagnosticado, analizado y “atendido” en mesas técnicas, grupos multidisciplinarios y planes de rescate que se anuncian una y otra vez sin resultados contundentes, mientras tanto, los trabajadores enfrentan desabasto de medicamentos, retrasos en servicios y una incertidumbre creciente sobre el futuro de sus pensiones.

Decir que el problema de pensiones es global no resuelve la crisis local, puede ser cierto que otros países enfrentan desafíos similares, pero eso no justifica la falta de respuestas concretas en el Estado de México, donde el deterioro del instituto tiene causas claras, malas decisiones administrativas, falta de supervisión y una red de adeudos que se ha permitido crecer sin consecuencias reales.

Deuda impagable, simulación institucional

De los más de 7 mil millones de pesos adeudados, apenas 715 millones podrían recuperarse mediante convenios de pago en parcialidades, una cifra que revela el nivel de simulación en el sistema, porque aceptar pagos diferidos de montos relativamente pequeños frente al total implica reconocer que el resto del dinero, en la práctica, es incobrable o no existe voluntad para exigirlo.

Los convenios con municipios, organismos de agua, sistemas DIF y entidades auxiliares reflejan una cadena de irresponsabilidades donde nadie asume plenamente las consecuencias, los gobiernos locales retienen cuotas, el instituto pierde liquidez y los derechohabientes terminan recibiendo servicios cada vez más limitados.

El problema no es solo financiero, es estructural, el ISSEMyM se ha convertido en un sistema que depende de ingresos que no llegan, que arrastra compromisos crecientes y que carece de mecanismos efectivos para garantizar su sostenibilidad, una bomba de tiempo que sigue creciendo mientras las soluciones se posponen.

Prioridad en el discurso, abandono en la práctica

Desde el gobierno estatal se insiste en que el rescate del ISSEMyM es una prioridad para la administración de Delfina Gómez Álvarez, sin embargo, la extensión del proceso durante todo 2026 contradice ese mensaje, porque cuando un tema es verdaderamente prioritario, se atiende con urgencia, no se difiere.

El argumento de que existe una planeación y una agenda de trabajo suena bien en el papel, pero en la práctica no se traduce en mejoras visibles para los usuarios del sistema, quienes siguen enfrentando citas diferidas, falta de insumos y un servicio que dista mucho de lo que debería ofrecer una institución de seguridad social.

Además, el cambio en la dirección del instituto, lejos de generar certidumbre, añade un elemento más de incertidumbre, porque cada relevo implica ajustes internos, redefinición de estrategias y, en muchos casos, la continuidad de inercias que no han dado resultados.

El costo lo pagan los trabajadores

Mientras el gobierno gana tiempo, los trabajadores del Estado de México y sus familias enfrentan las consecuencias directas, atención médica deficiente, procesos administrativos lentos y la duda permanente sobre la viabilidad de sus pensiones, una situación que erosiona la confianza en el sistema y en las instituciones que deberían garantizar su bienestar.

El ISSEMyM no es una dependencia cualquiera, es el respaldo de miles de empleados públicos que aportan cada quincena con la expectativa de recibir servicios dignos y una jubilación segura, cuando ese respaldo se debilita, no solo se afecta la salud financiera del instituto, se rompe el pacto básico entre el Estado y sus trabajadores.

Un problema que se sigue postergando

La decisión de extender el “rescate” durante todo 2026 deja una conclusión clara, no hay prisa por resolver el problema, se opta por la administración del conflicto en lugar de su solución, se prioriza el cálculo político sobre la urgencia social y se mantiene un sistema que sigue acumulando fallas sin una intervención contundente.

El riesgo es evidente, mientras más se posponga la reforma, mayor será el costo financiero y social, porque cada mes que pasa sin cambios estructurales profundiza el déficit, deteriora el servicio y acerca al instituto a un punto crítico del que será cada vez más difícil salir.

El ISSEMyM no necesita más diagnósticos ni más mesas de trabajo, necesita decisiones, transparencia y, sobre todo, voluntad para corregir lo que durante años se ha permitido, de lo contrario, el llamado rescate no será más que otro capítulo en la larga historia de promesas incumplidas en el Estado de México, donde los problemas no se resuelven, solo se aplazan, hasta que la realidad los vuelve imposibles de ignorar.

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