Por Karina A. Rocha Priego
El Paquete Económico 2027 no solamente contiene números, estimaciones y previsiones gubernamentales, también retrata el tamaño de una factura que comienza a pesar demasiado sobre el futuro de México, detrás del discurso de estabilidad financiera aparece una realidad incómoda, el país necesita recurrir nuevamente al endeudamiento mientras destina cantidades extraordinarias al pago de intereses y obligaciones acumuladas, una combinación que reduce el margen para invertir, crecer y enfrentar cualquier contingencia económica.
La cifra debería provocar una discusión nacional, el gobierno federal contempla alrededor de 1.479 billones de pesos de endeudamiento público durante 2027, mientras el costo financiero de la deuda rondaría 1.57 billones, dicho de manera sencilla, el país contratará nueva deuda por una cantidad semejante a la que tendrá que desembolsar solamente para atender intereses, comisiones y otros compromisos financieros.
México comienza así a caminar sobre una pendiente peligrosa, pedir prestado mientras aumenta aceleradamente lo que cuesta mantener lo previamente prestado.
Deuda para pagar deuda
La comparación doméstica resulta inevitable, es como utilizar una tarjeta de crédito para conseguir recursos mientras otra consume buena parte del ingreso mediante intereses, durante algún tiempo el mecanismo puede funcionar, el verdadero problema aparece cuando la deuda crece más rápido que la capacidad económica para sostenerla.
Y justamente ahí se encuentra el riesgo del presupuesto para 2027, el endeudamiento puede ser una herramienta legítima cuando financia infraestructura, productividad y proyectos capaces de generar crecimiento futuro, pero pierde buena parte de esa justificación cuando el costo financiero absorbe cantidades equivalentes al nuevo financiamiento.
Mientras millones de mexicanos enfrentan problemas de servicios públicos, hospitales, escuelas, carreteras, seguridad e infraestructura, una gigantesca porción del presupuesto deberá utilizarse simplemente para mantener al corriente las obligaciones financieras del Estado.
Un país atrapado por sus compromisos
Destinar aproximadamente uno de cada siete pesos del gasto neto total al costo financiero revela hasta dónde ha llegado la rigidez presupuestaria, antes de comenzar a construir una carretera, ampliar un hospital o desarrollar infraestructura productiva, el gobierno ya tiene comprometida una enorme cantidad de recursos.
La deuda no es gratuita, tampoco desaparece con discursos políticos, alguien tendrá que pagarla y ese alguien será inevitablemente el contribuyente presente o futuro.
Cada peso utilizado para cubrir intereses deja de estar disponible para inversión productiva, cada año que aumenta el costo financiero disminuye el margen de maniobra del gobierno y cada nuevo déficit obliga a preguntarse cuánto tiempo puede sostenerse esta dinámica sin imponer posteriormente ajustes dolorosos.
La factura llegará al ciudadano
La crisis fiscal puede parecer distante hasta que toca el bolsillo, cuando el gobierno necesita incrementar sus ingresos para sostener compromisos crecientes, aumenta la presión recaudatoria, cuando el crédito permanece caro, empresas y familias reducen inversiones y consumo, cuando la inversión pierde dinamismo, disminuye también la capacidad para generar empleos formales.
Las pequeñas y medianas empresas pueden convertirse en las primeras víctimas de una economía con crecimiento insuficiente, crédito costoso y mayor presión fiscal, muchas trabajan con márgenes reducidos y cualquier deterioro puede traducirse en cierres, despidos o informalidad.
La factura del endeudamiento termina llegando por diferentes caminos, menores oportunidades laborales, créditos más caros, presión sobre los precios, menor inversión pública y eventualmente mayores necesidades de recaudación.
21.8 billones sobre la espalda
La deuda pública podría aproximarse a 21.8 billones de pesos, alrededor de 55 por ciento del Producto Interno Bruto, una cifra que por sí sola no significa que México esté condenado a una crisis, pero que sí exige responsabilidad extraordinaria.
El problema no consiste únicamente en deber, consiste en la capacidad para pagar y, principalmente, en cuánto cuesta hacerlo.
Si la economía mexicana consigue crecer con fuerza, una deuda elevada puede administrarse, pero si el crecimiento permanece débil mientras aumentan los intereses y las obligaciones presupuestarias, la ecuación comienza a deteriorarse y, México, no dispone de recursos infinitos.
Calificadoras observan
El riesgo también se encuentra en la percepción internacional sobre la capacidad financiera del país, déficits persistentes, deuda creciente, bajo crecimiento y un presupuesto cada vez más rígido forman una combinación que inevitablemente será examinada por inversionistas y calificadoras.
Una degradación crediticia encarecería todavía más el financiamiento y podría generar un círculo particularmente dañino, mayor riesgo provoca intereses más altos, intereses más altos elevan el costo de la deuda y un mayor costo financiero obliga a destinar todavía más presupuesto para pagarla.
El escenario extremo sería perder el grado de inversión, algo que no puede presentarse como un hecho inevitable, pero tampoco debería descartarse como una fantasía imposible si las finanzas públicas continúan deteriorándose.
México ya conoce esta película
Las crisis económicas mexicanas no surgieron de un día para otro, antes de 1982 hubo años de endeudamiento, desequilibrios y excesiva confianza en que siempre existirían recursos suficientes, antes de 1994 también se acumularon vulnerabilidades que parecían controlables hasta que dejaron de serlo.
México no se encuentra exactamente en aquellas circunstancias y sería irresponsable asegurar que la historia necesariamente se repetirá, pero también sería irresponsable ignorar sus lecciones.
Las crisis financieras suelen comenzar mucho antes de que los ciudadanos las perciban, primero aparecen en déficits, deuda, intereses y balances presupuestarios, después llegan al tipo de cambio, al crédito, a las empresas y finalmente a las familias.
La verdadera hipoteca
El Paquete Económico 2027 coloca sobre la mesa una pregunta que ningún discurso puede borrar, ¿cuánto tiempo puede México continuar endeudándose mientras destina cantidades crecientes a pagar el costo de lo que ya debe?.
Eso es precisamente una hipoteca nacional, comprometer ingresos futuros para mantener obligaciones presentes, reducir progresivamente el espacio para invertir y trasladar una parte creciente de la factura a quienes todavía ni siquiera participan plenamente de la economía.
Hoy, mientras más tiempo se pospongan las decisiones difíciles, más costosa será la solución, porque las deudas públicas tienen una característica que la política suele olvidar, los gobiernos las contratan, pero son los ciudadanos quienes terminan pagándolas.


