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Mercurio, el gran desconocido del sistema solar interior

Mercurio, el planeta más próximo al Sol, sigue siendo en gran medida un enigma para la comunidad científica. La escasez de datos sobre él hace que la llegada de dos naves espaciales destinadas a su estudio se convierta en un nuevo hito para conocer más detalles del sistema solar.

Estas naves forman parte de la misión BepiColombo, liderada por la Agencia Espacial Europea (ESA) y la Agencia Japonesa de Exploración Aeroespacial (JAXA), y han llegado hasta los dominios del planeta más pequeño del sistema solar y el más cercano al Sol después de ocho largos años de viaje.

Con anterioridad, tan solo dos misiones -ambas de la NASA- había llegado hasta Mercurio en busca de descubrir sus secretos. La primera de ellas, la Mariner 10, se sobrevoló hasta en tres ocasiones el planeta entre 1974 y 1975 fotografiando su superficie y sirvió para descubrir el débil campo magnético con el que cuenta.

En la segunda misión llevada a cabo, la MESSENGER, la NASA envió la primera sonda que orbitó sobre él en 2011, estudiando y cartografiando el 100% de su superficie durante los siguientes cuatro años, además de analizar su geología y encontrar agua helada en el interior de algunos de sus cráteres (los de sus polos).

La particularidad de esta nueva misión desarrollada por las agencias europea y japonesa es que será la primera en la que orbiten alrededor del planeta dos naves espaciales de forma simultánea: el Orbitador Planetario de Mercurio (MPO), de la ESA; y el Orbitador Magnetoscópico de Mercurio (MIO), de la JAXA.

La fase de llegada de la misión a Mercurio se completó el 3 de septiembre de 2026 en el momento en el que, según explican la ESA en su portal web oficial, las dos naves que forman parte del proyecto se separaron del módulo que las impulsaba, el Módulo de Transferencia de Mercurio (MTM).

“La adquisición de señal a través de dos antenas de espacio profundo Estrack, ubicadas en Cebreros (España) y Malargüe (Argentina), ha confirmado la separación exitosa del Módulo de Transferencia de Mercurio (MTM) de BepiColombo del resto de la nave. La telemetría actual indica que todos los sistemas funcionan correctamente y que los paneles solares del MPO están cargando las baterías de la nave”, escribía durante el seguimiento en directo por parte de la ESA en su web.

Una vez allí, el objetivo de las agencias especiales implicadas es que, una vez conectadas, ambas naves comiencen a orbitar alrededor de Mercurio el 21 de noviembre para, posteriormente, en torno a tres semanas después, se separen entre el 9 y el 10 de diciembre para comenzar a trabajar por separado alrededor de la órbita del planeta.

Del mismo modo, ambas nadas tienen como misión recopilar datos científicos sobre el planeta, una cuestión que, según publicó la revista Smithsonian Magazine, no comenzarán a hacer hasta el mes de abril de 2027, cinco meses después de su puesta en órbita.

La información que buscarán recopilar de la mano de ambas sondas será la composición del planeta y detalles sobre su atmósfera, su geofísica, su campo gravitatorio y su burbuja magnética (la parte del espacio donde se crea un límite protector del planeta gracias a su fuerza magnética).

Para todo ello, cada una de las sondas tendrá una misión específica. La MPO europea será la encargada de volver a cartografiar toda la superficie del planeta, mientras que la MIO japonesa se dedicará al estudio de todo lo referente al entorno.

Para la ESA, según Smithsonian Magazine, esta es una de las misiones más complicadas que han realizado. Una llegada planetaria muy especial para la agencia europea que lleva a sus espaldas muchos años de preparación por parte de los equipos de la misión BepiColombo, tal y como ellos mismo destacan en su web.

Para la ESA, según Smithsonian Magazine, esta es una de las misiones más complicadas que han realizado. Una llegada planetaria muy especial para la agencia europea que lleva a sus espaldas muchos años de preparación por parte de los equipos de la misión BepiColombo, tal y como ellos mismo destacan en su web.

En cuanto a la misión en sí, el jefe del equipo de definición de operaciones e ingeniería de la ESA, Bruno Sousa, recalcó también su complejidad por el contexto en el que se desarrollará: “Es una misión muy difícil y muy exigente porque volamos en un entorno extremadamente hostil”, explicó en declaraciones recogidas por Smithsonian Magazine.

Y es que Mercurio destaca por sus condiciones extremas de temperatura, con una atmósfera prácticamente inexistente, a lo que se suma, su cercanía al Sol: “Esto plantea desafíos en cuanto al comportamiento térmico de la nave espacial y a los niveles de radiación solar que recibimos”, recalcaba Sousa.

mente todo el tiempo demasiado cerca del Sol y expuesto a sus condicionantes, a diferencia de lo que sucede con otra de sus donde, la Solar Orbiter, enviada junto a la NASA para estudiar al astro rey y que pasa medio año cerca de Venus para enfriarse.

Otro de los problemas que se encontrarán en esta misión, según destacaron en Smithsonian Magazine, será el mantener a raya la poderosa atracción gravitatoria del Sol y poder mantenerse en la débil órbita de Mercurio. La clave aquí estará en reducir la velocidad de las sondas a un nivel preciso para no pasar de largo y ser engullidas por la estrella.

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