Por Karina A. Rocha Priego
Una marcha que desnudó la realidad
El pasado 15 de noviembre se comprobó que, entre los mexicanos que exigen justicia, libertad, seguridad, la descomposición social no existe.
Me refiero a que, en circunstancias extremas, la solidaridad del ciudadano mexicano siempre sale a relucir. En la marcha, donde participaron al menos 300 mil personas (o más, considerando las 90 ciudades participantes) -bueno, en realidad el número de participantes siempre será inexacto y si nos recargamos en las cifras “oficiales”, estas nunca superarán los más de 20 mil porque ¡no les conviene a las autoridades sentirse rebasadas!-, el clamor generalizado fue el mismo, ¡seguridad e igualdad!.
Y siguen saliendo factores sobre ese movimiento por analizar como que: los participantes fueron niños, jóvenes, adultos, adultos mayores; profesionistas como médicos, ingenieros, contadores, empresarios y hasta pequeños y medianos empresarios (obligados a cerrar sus negociaciones); gente del campo, indígenas y todos con la misma demanda: ¡fuera Morena! y, a diferencia de otros movimientos, por lo menos en lo que a la llamada “Marcha del Sombrero” y la “Gene-ración Z” se refiere, ¡no hubo acarreados, ni sándwiches o tortas, ni manzanas y refrescos, mucho menos, sobres con dinero con el logo de Morena que repartir!.
La sociedad mexicana participó en la que han considerado “la mejor forma de manifestar su inconformidad y ser escuchados”: ¡una multitudinaria marcha!, que se caracterizó, además, por haber hecho eco en algunas ciudades del extranjero como: Países Bajos: Den Haag; Alemania: Düsseldorf; Estados Unidos: Los Ángeles; Canadá: Vancouver, cuyas consignas, seguramente fueron, además de por situaciones propias de sus países de origen, en apoyo a la marcha en México.
Un gobierno superado por su propio miedo
Pero, como era de esperarse, esta marcha quiso ser -no se pudo- minimizada por el Gobierno Federal y todos los “gobiernos y servidores públicos morenistas que actúan por sumisión”, cuya reacción fue “la oficial” y el de gran preocupación tras notar que, efectivamente, la población está más que harta de sus administraciones.
Y es que la protesta generalizada fue contra la inseguridad, simulación, promesas incumplidas, promesas falsas, carencia de recursos económicos, cierre de empresas que lanzan a las calles a cientos de trabajadores; el proteccionismo gubernamental hacia la delincuencia organizada que, dicho sea de paso, la presidenta Sheinbaum tuvo el “mal tino” de decir que el ataque sobre esas células estaría “fuera de la ley” (sic), o sea, ¿qué no el narcotráfico, los ajustes de cuentas, el cobro de piso, las ejecuciones, violaciones, trata de personas, trafico de órganos, robo de niños, entre otros muchos crímenes, están fuera de la ley? ¿Qué esas células no están conformadas por narcotraficantes, sicarios, asesinos, ladrones? porque, si no es así, ¡hemos estado equivocados toda la vida!, según la manera de pensar de Claudia Sheinbaum y séquito de sumisos.
En fin, insisto en que la inseguridad, la violencia y ¡la falta de recursos económicos!, es lo que viene lacerando la vida de los ciudadanos mexicanos. Se recrudece el desempleo y se suma un sistema de seguridad social mediocre, paupérrimo, engañoso, fraudulento que cada vez cobra más vidas humanas cuando pudieron haberse salvado.
El ardor oficial y la marcha del miedo
Para este gobierno “todo es compló”, es “pagado”, o es resultado de “administraciones pasadas, corruptas”, pero, hasta donde se ha dado a conocer, ninguna administración “pasada” ha sido tan corrupta y abusiva como la de Andrés Manuel López Obrador y ahora la actual y, pese al “apoyo chairo” que recibe la administración morenista, esta debe reconocer que, “si les dan dinero, les siguen, si no les dan, los detestan” y esos “chairos” que han dejado de recibir sus apoyitos porque ¡ya no hay dinero!, se sumaron, inequívocamente, a la marcha del pasado 15 de noviembre.
Otros tantos morenistas, aseguraron que la marcha ¡fue un fracaso! pero, ¿fracaso a qué?, ¿a haber salido a las calles cientos de miles de personas, vestidas de blanco, por voluntad propia y con un mismo fin? ¿Ese es un fracaso? O, ¿será que lo que quisieron decir estos morenistas fue que, fracasaron en su intento de concientizar al gobierno de Claudia Sheinbaum? Porque si se trata de este último punto, puede que sí hayan fracasado en el intento de hacer ver a la presidenta de México que ¡está destruyendo al país y que esta no entienda o no le interese entender! Por lo demás, la crítica -como dicen los jóvenes- ¡es por ardor!.
Tan es así, queridos lectores, que Morena, con toda la posibilidad de desviar los recursos del Estado para comprar adeptos -de otra forma no podrían- es que planea una “chairiada” o sea, una “marcha de chairos el próximo 6 de diciembre” en apoyo ¡a sí mismos!, haciendo uso, sí, de recursos económicos, pero también humanos, para movilizar a “la más gente posible”, la mayoría servidores públicos en funciones que serán obligados a acudir a esa movilización, pues de lo contrario podrían hacerse acreedores a una sanción económica o despido.
A eso, queridos lectores, la que esta escribe lo llama ¡ardor de las autoridades! que, además, parece que lo que en realidad están buscando ¡es una confrontación entre ciudadanos que viven en carne propia la inseguridad, violencia, pobreza, desempleo, desapariciones, ejecuciones y aquellos “pagados por el gobierno, pero con dinero del pueblo” a ver ¡quien gana!, significando esto, la total inmadurez con la que los morenistas están “gobernando” México (sic).
En suma, las autoridades pueden intentar disfrazar la realidad con cifras a modo, pero la marcha del 15 de noviembre dejó desnuda su mayor pesadilla: un país que ya no les cree ni el saludo y claro, en Palacio y anexos ya hablan de “compló”, porque aceptar que la gente está más que harta de las administraciones morenistas, sería un acto de honestidad… y eso sí que está fuera de su jurisdicción.
La ironía es deliciosa: mientras Morena presume un país “en paz”, cientos de miles de ciudadanos desfilaron para exigir justamente lo que este gobierno presume haber entregado y, como la respuesta oficial no podía faltar, ya preparan su “marcha espejo”, esa procesión de obligados y amenazados que habrán de aplaudir lo que ni ellos mismos se creen.
México marcha porque ya no aguanta; el gobierno marcha porque no soporta que la ciudadanía piense y esa, aunque les duela, es la diferencia entre dignidad y sumisión.



