CAMBIANDO DE TEMA

Morena en Edomex, ¿Partido en movimiento o maquinaria en pausa?

Por Karina A. Rocha Priego

Falta muy poco tiempo para que concluyan los trabajos de Luz María Hernández Bermúdez y Jesús Adán Gordo Ramírez al frente de la dirigencia estatal de Morena en el Estado de México; sin embargo, todo parece indicar que hay indecisión entre si se llevará a cabo un proceso de renovación democrática y estratégico rumbo a las elecciones de 2027, o si el jaloneo al interior de Morena en el Estado de México pondrá tantas trabas que no halla hacia dónde virar para hacer los cambios correspondientes.

Lamentablemente para Morena en el Estado de México, este sólo da una imagen de desgaste, desinterés y, peor aún, de una peligrosa comodidad con las estructuras de poder que se pretendían combatir.

La dirigencia morenista -designada en noviembre de 2024 y sin claridad sobre su futuro inmediato- sigue en funciones, sin que el Consejo Nacional del partido defina si habrá renovación o permanencia; hoy, lo que parece una anécdota burocrática es, en realidad, un síntoma de algo mucho más profundo: Morena ha empezado a parecerse demasiado a los partidos del viejo régimen que juró sepultar.

Dirigencia sin rumbo, partido sin brújula

La falta de claridad sobre la continuidad o sustitución de la dirigencia actual no es un detalle menor. Luz María Hernández y Jesús Adán Gordo llegaron como parte de una rotación que pretendía oxigenar al partido tras el paso de Martha Guerrero y Nazario Gutiérrez, hoy ambos reciclados como alcaldes, pero tras ese breve relevo, Morena en el Edomex ha entrado en una etapa de letargo organizativo, en la que la vida interna se limita a repetir discursos sobre afiliación masiva y la instalación de comités seccionales, mientras se evita con precisión quirúrgica hablar de democracia interna, evaluación del desempeño dirigencial o rumbo político.

Jesús Adán Gordo ha intentado justificar la parálisis diciendo que el Consejo Nacional debe emitir una convocatoria, olvidándosele que es el mismo Consejo que elegiría y aprobaría esta convocatoria, toda vez que los consejeros de entonces, se quedan hasta 2027″, o sea, dicen que el órgano encargado de hacer los movimientos internos, es el mismo que los congeló, desacreditando el proceso partidista y conviertiéndolo en tan sólo “una simulación”, como todo lo que hace Morena.

La sombra de la simulación y el clientelismo

Y hablando de simulación, no es casual que figuras como Higinio Martínez -conocido por no tener pelos en la lengua- hayan lanzado alertas internas: “No me callé con el PRI, menos lo haré ahora”, dijo recientemente.

Frase que apunta a una verdad incómoda: Morena está comenzando a repetir las prácticas del PRI que tanto criticó, pues la construcción de estructuras territoriales (como los 6,835 Comités Seccionales que se planea instalar) no debe ser pretexto para consolidar un aparato clientelar que sirva a intereses personales o faccionales, pero hasta ahora, todo indica que esa es la intención real.

La retórica oficial habla de integrar el partido y fortalecerlo con 10 millones de afiliados a nivel nacional, de los cuales el Estado de México aspira a aportar millón y medio.

Pero ¿afiliados reales o acarreados digitales? ¿militancia con convicción o lista inflada con fines mediáticos? La historia política de México nos enseña a desconfiar de los padrones mágicos.

Morena debería ser el primero en evitar repetir esa historia, pero parece más interesado en engrosar cifras que en fortalecer principios aunque, hay que decirlo, los “principios de Morena, son inciertos”.

¿Renovación o acomodamiento?

En el fondo, el debate no es técnico, sino político: ¿Morena se renueva para consolidarse como partido de masas con rumbo programático claro o se acomoda en el poder y se convierte en un cascarón electoral sin alma ni crítica interna?.

La dirigencia mexiquense ha demostrado más habilidades para navegar las aguas de la permanencia que para promover la autocrítica. Luz María Hernández y Jesús Adán Gordo llegaron como figuras de transición, pero ahora parecen aferrarse a sus cargos sin mostrar una agenda transformadora o una visión de futuro para el partido.

La indefinición del Consejo Nacional -más allá de su validez jurídica- es también una estrategia política: mantener el control sin mover mucho el tablero, sin abrir espacios reales de debate ni competencia interna.

El partido del cambio teme cambiar

Morena nació como respuesta al hartazgo con los partidos tradicionales y su discurso fue el de la transformación, la participación de base, el rechazo a la imposición pero, en Edomex, a dos años de la elección que renovará el Congreso local y los ayuntamientos, y a sólo cuatro de la presidencial, no hay señales de apertura ni de evolución, por el contrario, hay temor al cambio.

Se las pongo peor, la militancia “cautiva”, esta que se mantiene a base de dádivas, promesas huecas y mentiras, no tiene ni idea de si habrá elecciones internas para definir la dirigencia estatal, es más, ni siquiera sabe que se llevan a cabo “elecciones” para nombrar nueva dirigencia, peor aún, todo parece indicar que las decisiones se cocinan lejos de las bases, como en los viejos tiempos del dedazo.

Si Morena no se sacude pronto esta inercia, corre el riesgo de llegar a 2027 con un aparato partidista desfondado, carente de liderazgo auténtico y sin una narrativa que movilice a sus simpatizantes, pues, simular gobernar, no basta; también se necesita mantener viva la llama de la participación y claro que eso no se logra con padrones inflados ni comités decorativos.

Un partido que no se organiza, se desorganiza

Lo que ocurre (o más bien, lo que no ocurre) en Morena Estado de México debe ser motivo de preocupación no sólo para sus simpatizantes, sino para todo el sistema político mexiquense, pues un partido que no resuelve su vida interna a tiempo, que no permite el debate abierto ni la renovación genuina, tarde o temprano se vuelve una carga para la democracia.

Si Morena quiere ser el partido del futuro, debe dejar de parecerse al pasado.

La dirigencia estatal tiene la responsabilidad histórica de dar ese paso, pero si sigue atrapada entre la indecisión y la simulación, 2027 podría llegar con una estructura obsoleta, una militancia desmotivada y un electorado que, decepcionado, ya no vea en Morena una alternativa real de transformación…

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