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Se enfría economía mexiquense

* Exportaciones caen 18.5 por ciento, mientras el mercado laboral mantiene señales de debilidad, informalidad y bajos ingresos para millones de trabajadores……

Por Mireya Alvarez

La economía del Estado de México comienza a mostrar señales que difícilmente pueden esconderse detrás de los discursos de crecimiento y fortaleza productiva, las exportaciones mexiquenses registraron una caída de 18.5 por ciento, un retroceso que enciende alertas sobre el desempeño de una de las economías estatales más importantes del país y que se suma a indicadores laborales que revelan pérdida de dinamismo, bajos salarios y una elevada informalidad.

La disminución de las ventas al exterior resulta especialmente preocupante porque ocurre en una entidad cuya dimensión industrial debería convertirla en uno de los principales motores económicos nacionales, sin embargo, el retroceso exportador refleja las dificultades que enfrentan las empresas para mantener su participación en mercados internacionales, además de un escenario comercial externo marcado por incertidumbre y presiones sobre las cadenas productivas.

El problema adquiere mayor dimensión cuando la caída de las exportaciones deja de analizarse como un dato aislado y se coloca junto al comportamiento reciente del mercado laboral mexiquense, donde millones de personas permanecen atrapadas entre empleos informales, remuneraciones insuficientes y escasas posibilidades de mejorar su poder adquisitivo.

Durante el primer trimestre de 2026, el Estado de México registró alrededor de 8.13 millones de personas ocupadas, pero aproximadamente 55 por ciento se encontraba en condiciones de informalidad, mientras la tasa de desocupación se ubicó en 3.1 por ciento, equivalente a unas 260 mil personas.

Mucho peso económico, poco bienestar

La contradicción resulta evidente, el Estado de México presume su enorme peso dentro de la economía nacional, pero esa fortaleza todavía no logra reflejarse proporcionalmente en los bolsillos de quienes diariamente sostienen su aparato productivo, una economía puede crecer, atraer inversiones y movilizar miles de millones de pesos, pero si sus trabajadores continúan percibiendo bajos ingresos y dependiendo de empleos precarios, difícilmente puede hablarse de prosperidad compartida.

A ello se suma la pérdida reciente de empleos registrados ante el IMSS, otro indicador que obliga a observar con cautela el desempeño económico de la entidad, entre mayo y julio se perdieron alrededor de 22 mil 925 puestos registrados, al pasar de aproximadamente 2 millones 65 mil 623 trabajadores a 2 millones 42 mil 698.

La caída de 18.5 por ciento en las exportaciones aparece entonces como otra señal dentro de un panorama que comienza a acumular focos amarillos, menos dinamismo comercial, pérdida de empleos formales, elevada informalidad y salarios que siguen resultando insuficientes para buena parte de las familias.

El gobierno estatal enfrenta el reto de demostrar que su política económica puede ir más allá de anunciar inversiones, encuentros empresariales y proyectos futuros, porque atraer capital resulta insuficiente si éste no se convierte en empleos estables, mejores salarios, mayor productividad y oportunidades reales para la población.

El Estado de México necesita recuperar competitividad y fortalecer su capacidad exportadora, pero principalmente debe conseguir que su enorme potencial económico tenga consecuencias positivas para sus trabajadores, porque cuando las exportaciones retroceden, desaparecen empleos formales y los salarios permanecen rezagados, el problema ya no puede reducirse a una estadística, se convierte en una advertencia sobre una economía que comienza a perder fuerza mientras millones de mexiquenses siguen esperando que la riqueza de la entidad finalmente llegue a sus bolsillos.

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