* Con apenas 4.39 de calificación en el ranking de julio de Rubrum, la gobernadora del Estado de México se mantiene entre las mandatarias peor evaluadas del país, pese a insistir en que la entidad “va requeté bien”……
La distancia entre el discurso oficial y la percepción ciudadana vuelve a quedar al descubierto. Mientras la gobernadora del Estado de México, Delfina Gómez Álvarez, sostiene en actos públicos que la entidad “va requete bien”, el más reciente Ranking Ciudadano de Gobernadores elaborado por Rubrum para julio de 2026 presenta un escenario completamente distinto, al ubicarla con una calificación de apenas 4.39, colocándola en el lugar 25 de los 32 gobernadores del país, una posición que refleja el complicado momento que enfrenta su administración en materia de aprobación ciudadana.
Lejos de representar un dato menor, la evaluación evidencia el creciente contraste entre la narrativa gubernamental y la percepción de miles de mexiquenses que continúan enfrentando problemas cotidianos relacionados con inseguridad, movilidad, servicios públicos, infraestructura, corrupción y procuración de justicia.
Un discurso que no convence
Desde el inicio de su administración, la mandataria ha reiterado que el Estado de México avanza por el camino correcto, respaldando esa afirmación con la implementación de programas sociales, obras públicas y diversos proyectos de infraestructura.
Sin embargo, los resultados del estudio de Rubrum muestran que ese mensaje no logra traducirse en una percepción positiva entre la ciudadanía. Una calificación de 4.39 coloca al Estado de México dentro del grupo de gobiernos con menor respaldo ciudadano, muy lejos de las entidades que encabezan la evaluación nacional.
El contraste resulta todavía más evidente cuando se observa que el primer lugar lo ocupa el gobernador de Coahuila, Manolo Jiménez, con 7.45, seguido de Mauricio Kuri, de Querétaro, con 7.40, y Eduardo Ramírez, de Chiapas, con 7.37, cifras que superan ampliamente la obtenida por la gobernadora mexiquense.
La realidad supera la propaganda
Más allá de campañas institucionales, anuncios oficiales y recorridos por distintos municipios, la vida diaria continúa mostrando problemas que afectan directamente a millones de habitantes.
Los índices delictivos siguen ocupando un lugar central en la preocupación ciudadana, particularmente delitos como extorsión, robo al transporte público, despojo de inmuebles, homicidios y violencia contra las mujeres, además de las constantes inundaciones que cada temporada de lluvias exhiben deficiencias en la infraestructura hidráulica.
A ello se suman largas filas en hospitales, rezagos educativos, deficiencias en movilidad, vialidades deterioradas y una burocracia que, en muchos casos, continúa siendo lenta e ineficiente.
Frente a esa realidad, el mensaje de que el Estado de México “va requete bien” comienza a perder fuerza entre una ciudadanía que espera resultados visibles y no únicamente declaraciones optimistas.
Una administración bajo presión
La evaluación también representa una llamada de atención para todo el gabinete estatal.
Ningún gobierno puede sostener indefinidamente una estrategia de comunicación basada únicamente en destacar logros cuando los indicadores de percepción reflejan un descontento importante.
Las encuestas no sustituyen la evaluación institucional ni representan una verdad absoluta, pero sí funcionan como un termómetro del ánimo ciudadano y permiten identificar la confianza que la población deposita en sus gobernantes.
Cuando una administración aparece constantemente en posiciones rezagadas, el problema deja de ser exclusivamente estadístico y se convierte en un asunto político que exige respuestas concretas.
El Estado de México merece mejores resultados
Resulta particularmente preocupante que la entidad más poblada del país, la de mayor padrón electoral y una de las economías más importantes de México no logre ubicarse entre los gobiernos estatales con mejor aceptación.
Las expectativas generadas por el cambio político fueron elevadas, especialmente porque durante años se prometió una forma distinta de gobernar basada en honestidad, cercanía con la ciudadanía y combate frontal a la corrupción.
Sin embargo, el tiempo transcurre y los problemas estructurales permanecen presentes en buena parte del territorio mexiquense.
La ciudadanía comienza a exigir algo más que discursos, recorridos y anuncios oficiales; reclama soluciones medibles que impacten en su calidad de vida.
El reto será recuperar la confianza
Aún queda tiempo para modificar el rumbo, pero ello dependerá menos de campañas de imagen y más de resultados verificables.
Reducir la inseguridad, mejorar los servicios públicos, fortalecer la infraestructura, agilizar la justicia y combatir la corrupción serán factores determinantes para revertir la percepción ciudadana.
Mientras ello no ocurra, la narrativa gubernamental seguirá enfrentándose con indicadores que cuentan una historia distinta.
Porque más allá de los discursos, las giras y los mensajes institucionales, una calificación de 4.39 en un ranking nacional refleja que una parte importante de la ciudadanía no comparte el optimismo del gobierno estatal. Si el Estado de México realmente “va requete bien”, la administración tendrá que demostrarlo con hechos que convenzan a los mexiquenses, no únicamente con frases que, a la luz de los resultados, parecen cada vez más alejadas de la percepción ciudadana.


