* La tragedia de Temascalcingo, con 10 muertos y 64 lesionados, vuelve a exhibir las fallas de prevención y supervisión en una entidad donde la pirotecnia se fabrica en más de 60 municipios……
Por Mary González
Diez personas muertas y 64 lesionadas en Temascalcingo no pueden quedar reducidas a las palabras de siempre: accidente, tragedia o fatalidad, lo ocurrido durante una fiesta patronal vuelve a colocar frente al Gobierno del Estado de México y los ayuntamientos una pregunta incómoda, ¿qué se está haciendo realmente para prevenir las explosiones relacionadas con pirotecnia antes de que haya muertos?.
La detonación registrada la noche del sábado 5 de septiembre en Santa María Canchesdá representa el episodio más grave relacionado con pirotecnia registrado este año en territorio mexiquense, durante 2026 se han documentado al menos 16 incidentes relacionados con fabricación, almacenamiento, manejo o utilización de pirotecnia, con al menos 17 personas fallecidas, cifra que debe considerarse mínima ante la ausencia de un registro estatal público, concentrado y actualizado.
Tultepec, Texcoco, Almoloya de Juárez, Ozumba, Huixquilucan, Chalco, Zinacantepec, Zumpango y Temascalcingo aparecen entre los municipios donde se han registrado emergencias relacionadas con pólvora durante el año.
Temascalcingo exhibe el riesgo
La tragedia de Santa María Canchesdá ocurrió durante los preparativos de una celebración patronal, de acuerdo con el reporte oficial, material pirotécnico estaba almacenado en un espacio utilizado como bodega contiguo al templo, la detonación provocó el colapso de un techo y una barda, dejando personas atrapadas entre los escombros.
El saldo llegó a 10 fallecidos y 64 lesionados, entre ellos menores de edad, posteriormente fueron movilizados Protección Civil, SUEM, ISEM, bomberos, policías, Guardia Nacional, Defensa, Fiscalía y Cruz Roja, la reacción fue necesaria, pero la prevención evidentemente resultó insuficiente.
La pregunta fundamental no es cuántas ambulancias llegaron después, sino cómo fue posible que material explosivo permaneciera almacenado junto a un sitio donde habría una concentración importante de personas y qué verificaciones se realizaron previamente.
Las advertencias estaban ahí
Durante 2026 existieron suficientes señales de alarma, en febrero una explosión de material pirotécnico en Tultepec dejó una persona muerta, posteriormente ocurrieron nuevos siniestros en diferentes puntos de la entidad, en Huixquilucan dos personas perdieron la vida después de resultar gravemente lesionadas en la explosión de un presunto taller clandestino.
En julio, un polvorín ubicado en San Gregorio Cuautzingo, Chalco, explotó dejando un muerto y un lesionado, el dato particularmente preocupante es que el establecimiento contaba con permiso general 334 para realizar actividades relacionadas con pirotecnia, durante agosto volvieron a registrarse incidentes en municipios como Zinacantepec, Texcoco, Tultepec y Zumpango, por tanto, no se trata de un riesgo desconocido ni imprevisible.
Autoridades conocen el peligro
El Instituto Mexiquense de la Pirotecnia (IMEPI) reconoce que existen fabricantes en más de 60 municipios, alrededor de 40 mil familias obtienen sustento directo de esta actividad y en los 125 municipios se comercializa juguetería pirotécnica, además calcula aproximadamente 8 mil 200 iglesias donde estos productos pueden formar parte de celebraciones patronales y religiosas.
Las autoridades saben dónde se produce, dónde se comercializa y en qué temporadas aumenta su utilización, es cierto que la autoridad facultada para expedir permisos para elaborar, almacenar, transportar, vender y quemar artificios pirotécnicos es la Secretaría de la Defensa Nacional, pero esa atribución federal no exime al Gobierno estatal ni a los ayuntamientos de sus responsabilidades en materia de prevención y protección civil.
El propio IMEPI establece la intervención de instancias estatales y municipales en documentación y regulación, mientras los gobiernos locales cuentan con áreas de Protección Civil y disposiciones municipales relacionadas con estas actividades.
No basta llegar después
Después de Temascalcingo deberá determinarse quién almacenó la pirotecnia, qué cantidad existía, cuáles eran las condiciones del lugar, qué permisos tenía y qué verificaciones se realizaron, también deberá establecerse qué conocía el Ayuntamiento sobre la utilización de pirotecnia durante la fiesta patronal y qué medidas preventivas adoptó Protección Civil municipal.
El Gobierno estatal tendrá que explicar qué mecanismos mantiene para supervisar una actividad que sabe perfectamente que representa un riesgo permanente, porque después de cada explosión aparecen ambulancias, bomberos, policías, peritos y comunicados oficiales, pero Protección Civil no debería comenzar cuando termina la explosión, su responsabilidad fundamental es anticipar el riesgo.
La pirotecnia forma parte de las tradiciones mexiquenses y representa el sustento de miles de familias, pero ninguna tradición puede justificar muertos, personas quemadas, viviendas destruidas o familias destrozadas.
Temascalcingo debería marcar un punto de quiebre, el Gobierno estatal y los 125 ayuntamientos necesitan fortalecer inspecciones, revisar sitios de almacenamiento, establecer protocolos para fiestas patronales y mejorar la coordinación con Defensa.
Diez muertos en una sola celebración no pueden quedar únicamente en condolencias, fotografías de funcionarios recorriendo hospitales y promesas de investigación, cuando las autoridades conocen el riesgo y las tragedias continúan, ya no basta hablar de accidentes, también deben investigarse las posibles omisiones que permitieron que el peligro llegara hasta donde estaban las personas.


