EDOMEX

Entre festejo y abandono, así se vive la infancia en Edomex

* Festejos contrastan con abandono de miles de niñas y niños sin apoyo ni atención……

Redacción

En el Estado de México, el Día del Niño volvió a exhibir dos realidades que conviven en el mismo territorio, por un lado plazas llenas, shows, regalos y discursos oficiales que presumen compromiso con la infancia, por el otro, miles de niñas y niños que pasaron el 30 de abril como cualquier día, sin festejo, sin comida suficiente y sin la mínima garantía de bienestar, una brecha que no solo es económica, también es institucional.

En municipios como Huixquilucan, Toluca o Metepec, los gobiernos locales organizaron eventos masivos con espectáculos, juegos mecánicos y entrega de obsequios, imágenes que circularon en redes sociales mostrando sonrisas, escenarios coloridos y mensajes que apelan a la protección de la niñez, sin embargo, esa narrativa no alcanza a cubrir la otra cara del estado, donde la celebración simplemente no existe.

En colonias marginadas de Ecatepec, Chimalhuacán, Valle de Chalco o Nicolás Romero, la historia fue distinta, ahí el Día del Niño no llegó con música ni regalos, llegó con carencias, con hogares donde el ingreso apenas alcanza para comer, con niñas y niños que continúan enfrentando abandono, violencia y rezago educativo, sin que haya una estrategia integral que garantice sus derechos más básicos

La diferencia no es menor, mientras en algunos puntos se invierten recursos en eventos de un solo día, en otros ni siquiera hay programas permanentes que aseguren alimentación, atención psicológica o espacios seguros para la infancia, una contradicción que refleja la falta de una política pública sólida y constante, más allá de actos simbólicos que duran unas horas.

Infancia que crece entre carencias

Para miles de menores en el Estado de México, la infancia no es una etapa protegida, es una condición vulnerable que se enfrenta diariamente, la falta de ingresos en sus familias los expone a escenarios donde el trabajo infantil, la deserción escolar y la violencia doméstica se vuelven parte de su entorno, sin que exista una intervención efectiva del Estado que rompa ese ciclo.

El problema no radica únicamente en la pobreza, sino en la ausencia de atención institucional, en comunidades enteras donde los servicios básicos son limitados, donde las escuelas carecen de infraestructura adecuada y donde los programas sociales no logran cubrir la magnitud de la demanda, dejando a miles de niñas y niños fuera de cualquier esquema de apoyo.

Autoridades rebasadas o indiferentes

Aunque el discurso oficial insiste en que la infancia es prioridad, los hechos muestran otra realidad, la falta de seguimiento a casos de maltrato, la insuficiencia de albergues, la limitada cobertura de servicios de salud mental y la ausencia de políticas preventivas evidencian que la atención a la niñez sigue siendo fragmentada y, en muchos casos, reactiva.

El contraste del 30 de abril no debería existir, no en un estado que concentra millones de habitantes y que cuenta con recursos suficientes para diseñar estrategias de largo alcance, sin embargo, la realidad demuestra que las acciones suelen centrarse en lo inmediato, en lo visible, dejando de lado la construcción de condiciones dignas para el desarrollo infantil.

El costo de la omisión

Lo que hoy se deja de atender tendrá consecuencias en el futuro, niñas y niños que crecen sin acceso a educación de calidad, sin alimentación adecuada y sin protección frente a la violencia, son generaciones que enfrentarán mayores obstáculos para romper el círculo de pobreza, perpetuando una desigualdad que se hereda y se profundiza.

La infancia no debería depender del municipio en el que se nace, ni del ingreso familiar, ni de la voluntad política del momento, es un derecho que debe garantizarse de forma universal, sin excepciones, porque las niñas y los niños no son responsables de la situación económica o social que enfrentan sus familias, pero sí son quienes cargan con sus consecuencias.

El Día del Niño, más allá de los festejos, debería ser un recordatorio incómodo de lo que falta por hacer, una fecha que obligue a mirar de frente una realidad que no se resuelve con eventos aislados, sino con políticas públicas efectivas, sostenidas y enfocadas en garantizar que ninguna niña o niño crezca en el abandono, en un estado que aún tiene una deuda pendiente con su infancia.

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