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Fernando Flores evita dar la cara en cabildo de Metepec

* Tras escándalo en La Asunción e imputación de la FGJEM, acumulando ya 13 ausencias……

Por Martha Romero

La ausencia del presidente municipal de Metepec, Fernando Flores Fernández, en una nueva sesión de Cabildo no es un hecho menor ni un simple trámite administrativo, es un episodio que alimenta la percepción de un gobierno que atraviesa una de sus mayores crisis políticas y que, lejos de enfrentarla con transparencia y rendición de cuentas, parece optar por el silencio y la evasión.

La inasistencia del alcalde a la sesión ordinaria del Cabildo ocurrió apenas ocho días después de los hechos registrados en el Club Deportivo La Asunción, un episodio que no solo generó una tormenta mediática nacional, sino que derivó en investigaciones por parte de la Fiscalía General de Justicia del Estado de México y en la posterior imputación por los presuntos delitos de abuso de autoridad y lesiones.

Aunque oficialmente se informó que la ausencia estaba justificada, el contexto vuelve imposible separar una cosa de la otra. La pregunta inevitable es por qué, en el momento de mayor cuestionamiento público hacia su figura, el alcalde decidió no acudir al espacio institucional donde precisamente debía responder ante representantes populares y ante la ciudadanía.

La situación resulta todavía más delicada cuando se recuerda que no se trata de una ausencia aislada. Con esta, Fernando Flores suma trece faltas a sesiones de Cabildo durante su administración, una cifra que comienza a convertirse en una constante preocupante para quien encabeza el gobierno municipal.

El Cabildo sin su presidente

El Cabildo representa el máximo órgano de gobierno de un municipio. Es el espacio donde se toman decisiones fundamentales para la administración pública, donde se discuten políticas, presupuestos y acciones que afectan directamente a la población.

Por ello, la ausencia reiterada de quien fue electo para conducir los destinos de Metepec envía una señal negativa. Más aún cuando el municipio atraviesa una crisis de credibilidad derivada de hechos que han sido ampliamente difundidos y discutidos en medios nacionales, redes sociales y espacios políticos.

La intervención de la séptima regidora, Jesika Suárez Gómez, reflejó una inquietud que hoy comparten numerosos ciudadanos. Su llamado a que las autoridades den la cara y respondan a los cuestionamientos públicos no fue una postura partidista, sino una exigencia elemental de responsabilidad política.

Cuando una autoridad se encuentra bajo escrutinio público, la obligación democrática no consiste en esconderse detrás de comunicados o justificaciones administrativas, sino en acudir a los espacios institucionales y ofrecer explicaciones claras.

El peso de la arrogancia

Más contundente fue la postura expresada por el octavo regidor, Omar García Mendieta, quien recordó una verdad básica de la vida pública: el poder es temporal y la ley es permanente.

Sus palabras apuntaron al centro del debate que hoy rodea al gobierno municipal. El problema ya no es únicamente el video difundido en redes sociales, ni las investigaciones en curso, ni siquiera la polémica por el despliegue de escoltas armados en un conflicto entre particulares.

Lo que realmente preocupa es la imagen de un gobernante que parece convencido de que las reglas aplican para todos, excepto para él.

Ese es precisamente el riesgo que enfrentan los gobiernos cuando la soberbia sustituye a la prudencia. Cuando la investidura se confunde con privilegio. Cuando el ejercicio del poder deja de estar al servicio de los ciudadanos para convertirse en una herramienta de imposición.

Las declaraciones del secretario del Ayuntamiento, Elio Campirán Espinoza, quien afirmó que una acción no define el brillo que se le ha dado a Metepec, buscan contener el daño político. Sin embargo, la realidad demuestra que los liderazgos sí son evaluados por sus actos, especialmente cuando estos generan indignación social.

Ninguna obra pública, ningún programa gubernamental y ningún discurso institucional pueden borrar la obligación de rendir cuentas.

La crisis que enfrenta Fernando Flores no desaparecerá con ausencias justificadas ni con encargados de despacho ocupando temporalmente su lugar. La ciudadanía exige respuestas, claridad y responsabilidad.

Porque gobernar no consiste únicamente en aparecer cuando llegan los aplausos. Gobernar también significa asumir las consecuencias cuando llegan las críticas.

Y en ese terreno, la silla vacía del alcalde durante el Cabildo terminó diciendo mucho más que cualquier discurso.

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