* Millones para nuevas obras contrastan con inundaciones, apagones, incendios, fugas y plafones colapsados en hospitales que atienden todos los días a miles de mexicanos……
Por Karina A. Rocha Priego
Los gobiernos federal y del Estado de México vuelven a presumir cifras multimillonarias para transformar el sistema de salud, anuncian hospitales, clínicas, unidades médicas y nuevos espacios de atención como si el principal problema fuera construir más edificios, mientras una realidad mucho menos cómoda aparece dentro de las instalaciones que ya existen, hospitales inundados, fallas eléctricas, drenajes colapsados, incendios, fugas de agua, plafones desprendidos y pacientes trasladados porque la infraestructura simplemente falla.
El contraste resulta brutal en el Estado de México, donde se anunciaron 5 mil 678 millones de pesos para 14 proyectos de infraestructura sanitaria, principalmente en la zona oriente, mientras durante este mismo verano el Hospital Rural IMSS-Bienestar de Amanalco terminó severamente inundado y el Hospital General Regional 220 del IMSS en Toluca enfrentó una fuerte fuga de agua y desprendimiento de plafones.
No estamos hablando de hospitales abandonados, sino de instalaciones en funcionamiento donde todos los días llegan enfermos buscando atención.
Trece advertencias en siete meses
El problema tampoco puede reducirse a dos casos mexiquenses, entre enero y el 14 de agosto de 2026 se documentaron al menos 13 incidentes relevantes relacionados con infraestructura y servicios esenciales en hospitales públicos del país.
El 2 de enero, el Centro Médico Nacional La Raza, en la Ciudad de México, registró caída de plafones en su estacionamiento después de un sismo, ocho días después, el Hospital General de Huixtla, Chiapas, sufrió el colapso de la red de drenaje en Urgencias, un problema que trabajadores ya habían advertido.
El 18 de febrero, una falla eléctrica en el Hospital General de Zona número 11 del IMSS, en Nuevo Laredo, provocó retrasos y largas esperas, en marzo, el Hospital General Dr. Darío Fernández Fierro del ISSSTE, en la Ciudad de México, padeció problemas de energía durante aproximadamente 72 horas.
El 29 de abril, nuevamente La Raza apareció en la lista, esta vez por un incendio que obligó al desalojo preventivo de más de 300 personas.
El 12 de junio, las lluvias inundaron el Hospital Regional de Psiquiatría Dr. Héctor Tovar Acosta del IMSS, en Tlalpan, agua y lodo ingresaron a diferentes espacios.
Durante junio y julio también se reportaron apagones y problemas de suministro eléctrico en el Hospital General Dr. Fernando Ocaranza del ISSSTE, en Hermosillo.
¿De verdad todo esto puede seguir tratándose como una sucesión de incidentes aislados?.
Edoméx tampoco puede presumir
El 9 de julio llegó una advertencia directamente para el Estado de México, una intensa lluvia provocó una severa inundación en el Hospital Rural IMSS-Bienestar de Amanalco, el agua penetró las instalaciones y obligó a realizar trabajos para proteger las áreas afectadas y recuperar la operación.
Después apareció Toluca, en agosto se reportó una fuerte fuga de agua en el Hospital General Regional 220 del IMSS, con daños y desprendimiento de plafones en zonas próximas a Rayos X y al acceso de visitas.
Mientras eso ocurría, desde los escritorios gubernamentales continuaban los anuncios sobre miles de millones de pesos, nuevos hospitales y la transformación del sistema sanitario.
La contradicción es imposible de esconder, ¿para qué construir infraestructura nueva si no existe capacidad suficiente para garantizar que la existente tenga impermeabilización, drenajes funcionales, instalaciones eléctricas confiables, mantenimiento preventivo y techos que permanezcan donde deben estar?.
De Puebla a Reynosa, la misma alerta
El 16 de julio, un conato de incendio en el Hospital General de Zona número 1 del IMSS en Chetumal obligó a realizar acciones preventivas y evacuación, durante julio también fue denunciada la caída de un plafón en el Hospital de Traumatolo-gía y Ortopedia del IMSS en Puebla, instalación donde previamente se habían señalado problemas relacionados con fugas de drenaje.
El primero de agosto, fallas eléctricas en el Hospital General Regional número 1 del IMSS en Ciudad Obregón provocaron molestias y retrasos en diferentes áreas.
El 14 de agosto ocurrió uno de los episodios más delicados, una falla eléctrica en el Hospital General de Zona número 15 del IMSS en Reynosa obligó al traslado de pacientes y al desvío de Urgencias hacia el Hospital General Regional 270, mientras las instalaciones operaban temporalmente mediante energía de emergencia.
Eso ya no es una gotera incómoda ni una lámpara fundida, hablamos de infraestructura hospitalaria cuya falla puede alterar directamente la atención médica.
Primero mantener, después presumir
El gobierno mexiquense y la Federación pueden anunciar cuantos miles de millones quieran, pueden presentar renders espectaculares, colocar primeras piedras, organizar ceremonias y prometer hospitales para 2027, pero ninguna fotografía institucional resolverá lo que sucede hoy dentro de instalaciones que deberían ser espacios seguros.
Resultaría absurdo estrenar hospitales mientras otros se deterioran por falta de mantenimiento, sería todavía peor inaugurar edificios que dentro de algunos años terminen reproduciendo exactamente los mismos problemas.
La salud pública no necesita únicamente inversión para cortar listones, necesita mantenimiento permanente, supervisión, personal, medicamentos, instalaciones eléctricas confiables, drenajes funcionando y presupuestos suficientes para conservar aquello que ya fue construido.
Amanalco y Toluca deberían ser una advertencia inmediata para el Estado de México, porque mientras se anuncian 5 mil 678 millones de pesos para levantar nueva infraestructura, dos hospitales mexiquenses mostraron este mismo verano que el sistema existente necesita atención urgente.
Construir es políticamente rentable porque produce fotografías, placas y discursos, mantener casi nunca genera aplausos, pero para el paciente que espera una cirugía, para quien necesita estudios, para una familia que permanece horas en Urgencias, poco importa cuántos millones anuncie el gobierno.
Lo verdaderamente importante es algo mucho más elemental: que cuando entre a un hospital encuentre médicos, medicamentos, electricidad, drenaje, agua controlada y, por lo menos, la certeza de que el techo no terminará cayéndole encima.


