* El hallazgo de una excavación clandestina de aproximadamente 50 metros, utilizada presuntamente para el robo de combustible abre una pregunta inevitable: ¿Cómo pudo construirse y operar una infraestructura de estas dimensiones sin ser detectada por las autoridades?……
Por Efraín Morales Moreno
Bajo tierra y aparentemente fuera de la mirada de las autoridades operaba una infraestructura clandestina que vuelve a colocar al robo de hidrocarburos en el centro de la preocupación en el Estado de México, un túnel de aproximadamente 50 metros fue localizado en Tultitlán y presuntamente habría sido utilizado para facilitar la extracción ilegal de combustible, un descubrimiento que no solamente exhibe la capacidad logística de quienes participan en este delito, sino que obliga a preguntar cuánto tiempo pudo funcionar, quiénes conocían su existencia y cómo fue posible desarrollar una obra de estas dimensiones sin que nadie la detectara.
El hallazgo ocurrió en un inmueble de la colonia Bello Horizon te, en las inmediaciones de una zona industrial, donde autoridades estatales y personal relacionado con la infraestructura petrolera realizaron una intervención después de reportes sobre un persistente olor a hidrocarburo, al inspeccionar el lugar habría quedado al descubierto una excavación clandestina que conducía hacia instalaciones utilizadas para el transporte de combustible.
La investigación deberá determinar ahora si efectivamente el túnel estaba conectado con una toma clandestina, cuánto combustible pudo extraerse, durante cuánto tiempo habría operado el lugar y quiénes participaron en una instalación que difícilmente pudo construirse de un día para otro.
Cincuenta metros que nadie vio
La dimensión aproximada del túnel convierte el caso en algo mucho más complejo que una perforación improvisada, construir una excavación de decenas de metros requiere tiempo, herramientas, movimiento de materiales, ingreso y salida de personas y posiblemente vehículos, además de conocimientos suficientes para acercarse a infraestructura donde circulan sustancias altamente inflamables.
Precisamente por ello resulta inevitable cuestionar los mecanismos de vigilancia existentes en una región densamente poblada e industrializada, porque una instalación clandestina de esas características difícilmente aparece de manera espontánea, detrás tendría que existir organización, planeación y una estructura capaz de mantener la operación fuera de la mirada de vecinos y autoridades.
Los reportes sobre olor a combustible y movimientos sospechosos en la zona constituyen otro elemento que deberá investigarse, si existieron señales previas, será necesario establecer cuándo comenzaron, quién tuvo conocimiento de ellas y por qué fue necesario llegar al descubrimiento del túnel para dimensionar el riesgo.
Huachicol entre viviendas e industrias
El robo de combustible no representa solamente una afectación económica para el Estado o para la infraestructura petrolera, las tomas clandestinas pueden convertirse en auténticas bombas de tiempo para comunidades enteras, una fuga, una acumulación de vapores o una maniobra incorrecta puede provocar incendios, explosiones, intoxicaciones y evacuaciones masivas.
En Tultitlán el riesgo adquiere todavía mayor relevancia debido a la concentración de viviendas, empresas, bodegas, vialidades y zonas industriales, cualquier operación clandestina relacionada con hidrocarburos coloca en peligro no solamente a quienes participan directamente en ella, sino también a trabajadores, familias y automovilistas completamente ajenos al delito.
Por eso el caso no debería cerrarse únicamente con el aseguramiento del inmueble o la clausura de una eventual toma, encontrar el túnel constituye apenas el principio, lo verdaderamente importante será desmantelar la red que hizo posible su construcción y determinar si existen más instalaciones semejantes operando en el municipio o en otros puntos del Valle de México.
¿Quién permitió que operara?
Esa es probablemente la pregunta más incómoda, quién permitió que una infraestructura clandestina alcanzara aproximadamente 50 metros sin ser detectada, responderla requiere ir más allá de encontrar a quienes físicamente excavaron el túnel.
Será necesario establecer quién era propietario o responsable del inmueble, quién lo ocupaba, qué actividad se realizaba aparentemente en el sitio, cuánto tiempo llevaba siendo utilizado, qué vehículos entraban y salían y si existieron reportes anteriores relacionados con movimientos sospechosos.
También deberá revisarse si había vigilancia sobre los ductos cercanos y con qué frecuencia se realizaban inspecciones, porque el combate al huachicol pierde efectividad cuando la respuesta comienza solamente después de que ciudadanos detectan olores, fugas o situaciones anormales.
No se trata de adelantar responsabilidades ni de señalar culpables sin una investigación concluida, se trata de exigir que el descubrimiento no termine reducido a fotografías del operativo, sellos de aseguramiento y declaraciones sobre investigaciones en curso.
El túnel es apenas la punta
El hallazgo en Tultitlán vuelve a demostrar que el robo de hidrocarburos puede operar mediante estructuras cada vez más sofisticadas, lejos de la imagen tradicional de una toma clandestina improvisada en terrenos despoblados, ahora aparece una excavación escondida en un entorno urbano e industrial.
El reto para las autoridades será demostrar que pueden llegar más lejos que los propios delincuentes, identificar la cadena completa, localizar compradores, operadores, transportistas y posibles redes de distribución, seguir el dinero y determinar hacia dónde era enviado el combustible presuntamente robado.
Porque si una excavación de aproximadamente 50 metros pudo avanzar bajo Tultitlán sin ser descubierta oportunamente, el problema no termina debajo de ese inmueble, la verdadera preocupación está en saber cuántos metros más pueden estar excavándose ahora mismo en otros puntos del Estado de México sin que ninguna autoridad los haya encontrado.


