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Los cambios sin rumbo del GEM

* La gobernadora vuelve a mover su gabinete mientras persisten dudas sobre los resultados de su administración y crecen los cuestionamientos sobre quiénes aún permanecen en el poder……

Los constantes movimientos dentro del gabinete de la gobernadora del Estado de México, Delfina Gómez Álvarez, comienzan a enviar un mensaje que va más allá de una simple reorganización administrativa, porque cuando los cambios se vuelven recurrentes en áreas estratégicas, inevitablemente surge la duda sobre si responden a una planeación gubernamental o al reconocimiento de que los resultados esperados simplemente no llegaron.

La renuncia de Macarena Montoya Olvera a la Secretaría de Salud representa el segundo ajuste de alto nivel en lo que va de 2026, después de que en enero Juan Hugo de la Rosa García sustituyera a Daniel Sibaja González en la Secretaría de Movilidad, ahora la reestructuración también alcanza áreas como Educación, Mujeres y la Consejería Jurídica, confirmando que la administración estatal continúa en una etapa de acomodos cuando ya ha transcurrido una parte importante del sexenio.

Aunque la versión oficial señala que Macarena Montoya deja el cargo por motivos personales y presume logros como la disminución del dengue, el avance del proceso hacia IMSS-Bienestar, la basificación de trabajadores y el fortalecimiento de la vigilancia epidemiológica, la realidad política indica que ninguna salida de este nivel ocurre sin generar cuestionamientos sobre el funcionamiento interno del gobierno.

Más cambios que resultados

La designación de Celina Castañeda de la Lanza como nueva secretaria de Salud abre una nueva etapa para uno de los sectores más sensibles del Estado de México, donde millones de ciudadanos continúan enfrentando carencias en hospitales, desabasto de medicamentos, largas listas de espera y deficiencias en infraestructura médica.

Junto con este nombramiento llegaron otros nueve cambios en áreas educativas, jurídicas, administrativas y de búsqueda de personas, una renovación que el gobierno presenta como un fortalecimiento institucional, aunque para diversos sectores también refleja que la estructura gubernamental continúa ajustándose mientras los problemas cotidianos siguen esperando soluciones concretas.

Porque los ciudadanos difícilmente evalúan un gobierno por el número de funcionarios que cambian de oficina, sino por la calidad de los servicios públicos que reciben, la seguridad en sus comunidades, la atención médica que obtienen y las oportunidades que encuentran para mejorar su calidad de vida.

¿Y Horacio Duarte cuándo se va?

Cada modificación del gabinete provoca inevitablemente una pregunta que comienza a repetirse en distintos espacios políticos: ¿y el secretario general de Gobierno, Horacio Duarte, cuándo se va?.

Como responsable de la política interna del Estado de México, Horacio Duarte ha sido uno de los principales operadores del actual gobierno, sin embargo, durante su gestión también se han acumulado conflictos sociales, crisis políticas, bloqueos carreteros, inconformidades municipales, disputas con diversos sectores y episodios que han puesto a prueba la capacidad de interlocución del Ejecutivo estatal.

Mientras algunos funcionarios salen del gabinete y otros llegan para intentar imprimir un nuevo ritmo a la administración, el segundo cargo político más importante del gobierno permanece sin modificaciones, pese a que buena parte de la gobernabilidad estatal pasa precisamente por esa oficina.

Los relevos siempre representan una oportunidad para corregir errores, pero también evidencian que existen áreas donde las expectativas iniciales no se han cumplido. La verdadera evaluación no estará en la cantidad de nombramientos anunciados desde Palacio de Gobierno, sino en la capacidad de quienes hoy asumen nuevas responsabilidades para ofrecer resultados verificables.

Porque los mexiquenses no necesitan un gabinete en permanente reacomodo, necesitan un gobierno que funcione con eficacia, rinda cuentas y demuestre con hechos que los cambios de nombres significan también un cambio en los resultados. Mientras eso no ocurra, cada nuevo relevo seguirá alimentando la percepción de que la administración continúa buscando el rumbo que prometió desde el inicio del sexenio.

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