Por Karina A. Rocha Priego
Hoy no se trata de quién heredó los problemas, sino de quién está dispuesto a poner nombre, apellido y sanción a las responsabilidades de las grandes obras públicas.
La pregunta cayó en Palacio Nacional con una sencillez difícil de esquivar, Claudia Sheinbaum no construyó la Línea 12 del Metro, tampoco el Tren Maya, el Tren Interoceánico ni la refinería de Dos Bocas, entonces, ¿por qué quienes sí participaron en esas obras no aparecen con la misma claridad cuando llega el momento de hablar de responsabilidades?.
La Presidenta respondió luego de 30 segundos de silencio, y su respuesta fue amplia en explicaciones opero sin nombres.
“No. Sí se actúa”, dijo Sheinbaum, después habló de carpetas de investigación, reparaciones del daño, procedimientos administrativos, personas detenidas y sanciones, incluso sostuvo que no existe impunidad.
Ahí comienza la discusión, porque decir que “se actúa” no equivale necesariamente a explicar quién respondió, por qué respondió y qué sanción recibió.
En una obra pública alguien diseña, alguien autoriza, alguien construye, alguien supervisa, alguien opera y, cuando algo sale mal, también tendría que existir alguien que responda.
Línea 12: las sentencias no llegan
La tragedia de la Línea 12 ocurrió el 3 de mayo de 2021, cuando una estructura elevada colapsó entre Olivos y Tezonco, murieron 26 personas y más de un centenar resultaron lesionadas.
La obra había sido construida durante el gobierno capitalino de Marcelo Ebrard, años antes de que Claudia Sheinbaum llegara a la Jefatura de Gobierno.
Existen exservidores públicos procesados, carpetas, amparos, acuerdos reparatorios e indemnizaciones, pero cinco años después del desplome sigue vigente una pregunta elemental: ¿dónde están las sentencias?.
La línea fue reconstruida, hubo reparaciones económicas y empresas participaron en trabajos correctivos, pero ninguna de esas acciones sustituye la determinación definitiva de responsabilidades.
Una tragedia no queda explicada porque la estructura sea reparada ni porque exista dinero para indemnizar.
La pregunta continúa siendo quién permitió que llegara a ese punto.
Interoceánico: la responsabilidad quedó abajo
Después del descarrilamiento del Tren Interoceánico del 28 de diciembre de 2025, que dejó 14 personas fallecidas y decenas de lesionadas, las investigaciones ubicaron responsabilidades en la ope
ración del convoy.
El maquinista, el conductor y el jefe de despacho fueron vinculados a proceso, mientras la investigación oficial sostuvo que la infraestructura ferroviaria cumplía las condiciones técnicas y que el accidente estuvo relacionado con exceso de velocidad.
Aquí sí aparecieron responsables, pero también otra pregunta: ¿hasta dónde debe llegar una investigación cuando ocurre una tragedia en una obra estratégica del Estado?
Si la responsabilidad fue exclusivamente de quienes manejaban el tren, tendrá que sostenerse con pruebas, pero la rendición de cuentas no debería agotarse necesariamente en el último eslabón de la cadena.
También existen protocolos, controles, supervisores, sistemas de seguridad y estructuras jerárquicas encargadas de impedir que un error humano termine en desastre.
Tren Maya: “error humano” no es un nombre
El Tren Maya ha enfrentado distintos incidentes sin víctimas mortales, entre ellos salidas de vía y problemas vinculados con cambios ferroviarios y la explicación oficial ha señalado errores humanos y fallas administrativas.
Pero “error humano” no es una persona, no tiene nombre, cargo, expediente ni sanción visible.
Si alguien operó incorrectamente un cambio de vía, tendría que conocerse qué ocurrió, qué protocolo incumplió, quién debía supervisarlo y qué medidas fueron adoptadas para impedir que volviera a suceder.
Decir que ocurrió una equivocación humana puede explicar técnicamente un incidente, pero políticamente deja abierta la responsabilidad y, tratándose de una de las obras emblemáticas del sexenio anterior, financiada con enormes cantidades de recursos públicos, la transparencia debería ser todavía mayor.
Dos Bocas: ¿y las conclusiones?.
La refinería Olmeca también ha registrado incendios, fugas y otros incidentes que obligaron a activar procedimientos de emergencia, uno de ellos, ocurrido en marzo en las inmediaciones del complejo, dejó trabajadores fallecidos.
Las autoridades anunciaron investigaciones, revisiones técnicas y análisis de causa raíz, pero anunciar una investigación es apenas el principio.
¿Qué provocó cada incidente?, ¿hubo negligen cia?, ¿fallaron procedimientos?, ¿existieron deficiencias de supervisión?, ¿algún funcionario o empresa incumplió?, ¿quién fue sancionado?
Si no existió responsabilidad de servidores públicos, debería explicarse con claridad, y si existió, también tendría que conocerse.
La opacidad nunca debería sustituir a la rendición de cuentas.
El problema de las herencias
Sheinbaum tiene un argumento indiscutible: ella no construyó esas obras.
El Tren Maya, el Corredor Interoceánico y Dos Bocas fueron proyectos centrales del gobierno de AMLO mientras la Línea 12 pertenece incluso a una administración anterior.
Pero gobernar México no significa solamente inaugurar nuevas obras, también significa responder institucionalmente por las consecuencias de aquello que se heredó.
Sheinbaum no tendría por qué cargar personalmente con errores que no cometió, pero su gobierno sí tiene la obligación de permitir que se conozca quién los cometió, cuando existan pruebas.
Eso implica aceptar que una investigación pueda alcanzar a exfuncionarios, contratistas, empresas, mandos operativos o personas vinculadas con gobiernos políticamente cercanos.
No basta decir que no hay impunidad
“No hay ninguna impunidad”, afirmó la Presidenta, pero una declaración tan categórica exige resultados igualmente categóricos.
Una carpeta abierta no es una sentencia, una investigación administrativa no necesariamente es una sanción, una indemnización no establece por sí misma responsabilidad y un operador detenido no explica automáticamente toda una cadena institucional. Ese fue el fondo de aquella pregunta.
No responsabilizar automáticamente a Claudia Sheinbaum, sino preguntarle al gobierno que hoy encabeza si está dispuesto a llegar hasta donde conduzcan las investigaciones.
Los gobiernos cambian, los funcionarios cambian y los discursos cambian, pero los muertos no regresan.
Por eso la pregunta sigue intacta: ¿quién responde? porque mientras esas respuestas no aparezcan con nombres, expedientes y resoluciones, decir que “se actúa” seguirá siendo solamente una parte de la respuesta porque la otra sigue pendiente: conocer a los verdaderos responsables.


