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Recetas sin medicamento: desabasto alcanza al IMSS Edomex Oriente

* La falta de fórmulas magistrales alcanza a más de 24 unidades médicas y mantiene bajo presión a miles de derechohabientes, mientras el problema ya llegó al Órgano Interno de Control del Instituto……

La investigación abierta por el Órgano Interno de Control por el desabasto de fórmulas magistrales en el IMSS Estado de México Oriente no es un incidente menor ni una falla administrativa aislada, es una ventana que deja ver una crisis mucho más amplia, profunda y dolorosa, porque detrás de cada receta no surtida hay un enfermo que espera, una familia que gasta lo que no tiene y una institución pública que vuelve a fallar en su obligación más elemental, garantizar tratamiento oportuno a quienes dependen de ella para seguir viviendo.

Lo que hoy ocurre en el oriente mexiquense es especialmente grave porque las fórmulas magistrales no son medicamentos que puedan sustituirse con facilidad por cualquier producto disponible en anaquel, se trata de preparados específicos indicados para necesidades concretas, muchas veces vinculados con enfermedades crónicas o tratamientos delicados, por eso, cuando el sistema prescribe pero no entrega, el paciente queda atrapado entre la burocracia, la incertidumbre y el gasto de bolsillo, obligado a buscar por su cuenta algo que el propio Estado le dijo que necesitaba pero que no fue capaz de proporcionarle.

El problema ya no cabe en el discurso oficial

La versión gubernamental que presume altos porcentajes de abasto cada vez se ve más lejana de la realidad, porque en todo México aumentan las protestas, reclamos y movilizaciones por falta de medicamentos, material de curación e insumos básicos, desde hospitales estatales hasta unidades del IMSS e IMSS-Bienestar, la misma escena se repite una y otra vez, ventanillas sin respuesta, recetas incompletas, pacientes regresando a casa sin tratamiento y personal médico trabajando con carencias que comprometen la atención, por eso sostener que el abasto está resuelto resulta no solo exagerado, sino ofensivo para quienes viven el problema en carne propia.

En el Estado de México el tema no llega solo, se suma a un contexto de denuncias previas sobre hemodiálisis, carencia de material médico, retrasos en tratamientos y presión creciente sobre hospitales públicos, de modo que el caso de las fórmulas magistrales aparece como una pieza más de un rompecabezas inquietante, el de un sistema que insiste en presentarse como funcional aunque cada semana brotan nuevas señales de descomposición, y lo más alarmante es que las autoridades parecen reaccionar únicamente cuando el escándalo público las obliga, no cuando detectan a tiempo una falla que pone en riesgo la salud de miles de personas.

Centralización, pasividad y gobiernos que no reaccionan

También vale la pena mirar el problema desde su dimensión política, porque en buena parte del país los gobiernos estatales y municipales, muchos de ellos emanados de Morena, conocen las carencias del sistema de salud y aun así actúan con lentitud, cautela o simple inmovilidad, como si resolver un faltante urgente dependiera siempre de una autorización superior, de una señal federal o de lo que marque la línea política del centro, esa conducta ha alimentado la percepción de que hoy muchos gobernantes prefieren no mover un dedo si antes no reciben la instrucción correspondiente, aunque frente a ellos haya enfermos esperando medicamentos que no llegan.

Ese comportamiento revela un problema de fondo, la subordinación política ha comenzado a pesar más que la responsabilidad pública, y mientras el discurso oficial se cuida de no reconocer el tamaño real de la crisis, los pacientes quedan reducidos a cifras, oficios y expedientes, la tragedia es que la salud no espera tiempos políticos, un enfermo renal, un paciente crónico o una persona que requiere una preparación especial no puede suspender su tratamiento hasta que la burocracia se ponga de acuerdo o hasta que alguien desde arriba decida que ya es momento de actuar, porque en salud cada día perdido tiene consecuencias reales, físicas y a veces irreversibles.

Los pacientes pagan el precio de la simulación

En el IMSS Edoméx Oriente las afectaciones alcanzan una región densamente poblada, donde millones de personas dependen casi por completo de los servicios públicos, eso significa que el desabasto no impacta a un puñado de usuarios, sino a comunidades enteras de trabajadores, adultos mayores, personas con enfermedades complejas y familias que no tienen margen económico para acudir a farmacias privadas o a hospitales particulares, cuando una institución pública incumple en estas zonas no solo falla un almacén o una compra, falla una red de protección social entera que debería impedir que la enfermedad se convierta también en ruina económica.

A ello se suma un dato que vuelve todavía más delicado el caso, la necesidad de adquirir productos para medicina magistral era conocida dentro del propio sistema, hubo solicitudes internas y advertencias sobre la demanda, es decir, no puede alegarse sorpresa, si el problema se sabía y aun así no se resolvió, entonces la discusión ya no gira únicamente sobre escasez, sino sobre planeación deficiente, decisiones tardías, cadena de suministro rota y una administración incapaz de traducir el conocimiento del problema en soluciones concretas, allí es donde la investigación del Órgano Interno de Control debería dejar de ser un trámite y convertirse en una verdadera ruta de responsabilidades.

El desabasto de medicamentos e insumos se ha convertido en uno de los síntomas más graves del deterioro institucional en México, porque revela la distancia entre el relato político y la realidad de los hospitales, mientras desde el poder se insiste en que hay avances, millones de personas siguen enfrentando filas interminables, recetas sin surtir y tratamientos interrumpidos, esa contradicción no puede maquillarse con porcentajes ni con discursos de autosatisfacción, si las protestas crecen en todo el país es porque el problema existe, se extiende y lastima.

La verdadera medida del sistema de salud no está en los informes, sino en el momento en que un paciente llega a la ventanilla con una receta y recibe el medicamento que necesita, si eso no ocurre, todo lo demás es simulación, por eso el caso del IMSS Edoméx Oriente no debería cerrarse con explicaciones burocráticas ni con promesas vagas, tendría que servir para exhibir una verdad incómoda, que en México el desabasto sigue siendo real, que las autoridades no están respondiendo con la urgencia necesaria y que, mientras continúe esa inercia, los enfermos de este país seguirán deteriorándose poco a poco en instituciones públicas que tendrían que cuidarlos, no abandonarlos.

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