CAMBIANDO DE TEMA

Blindaje por una noche

* Miles de elementos fueron movilizados para proteger los festejos patrios, el despliegue demuestra capacidad de concentración operativa, pero también abre la pregunta sobre la seguridad disponible para los mexiquenses cuando termine la fiesta……

Por Karina A. Rocha Priego

Anoche quedó demostrado que cuando existe una fecha marcada en rojo en el calendario, una enorme concentración ciudadana y un evento encabezado por la gobernadora Delfina Gómez Álvarez, el Estado de México puede desplegar miles de elementos, cientos de unidades, vigilancia, tecnología, Protección Civil y servicios médicos para intentar  garantizar que nada salga mal, la pregunta inevitable aparece cuando termina la música, se apagan los fuegos artificiales y los funcionarios regresan a sus oficinas, ¿dónde está semejante capacidad operativa cuando un ciudadano común necesita sentirse seguro?.

El operativo instrumentado con motivo de las Fiestas Patrias contempló 3 mil 595 elementos y 544 unidades estatales, además del personal movilizado por Toluca, cuyo gobierno anunció mil 700 policías, dos C4 móviles, 30 patrullas inteligentes, cuatro torres de videovigilancia y unidades motorizadas, evidentemente no todos estuvieron concentrados exclusivamente alrededor del balcón desde donde la gobernadora dio el Grito, pues el dispositivo cubrió diferentes actividades y puntos estratégicos, sin embargo, las dimensiones del despliegue son suficientes para provocar una reflexión incómoda: el Estado sí tiene capacidad para movilizar fuerza, tecnología y coordinación.

La discusión está en cómo se distribuye esa capacidad durante el resto del año.

La seguridad también debería ser cotidiana

Nadie podría cuestionar seriamente que una concentración multitudinaria necesita protección, mucho menos cuando participan familias enteras y cuando cualquier incidente podría convertirse rápidamente en una emergencia, proteger a quienes acudieron a celebrar era obligación de las autoridades, pero precisamente el tamaño del dispositivo demuestra lo que puede conseguirse cuando diferentes corporaciones reciben una instrucción específica y trabajan alrededor de un mismo objetivo y eso es justamente lo que millones de mexiquenses esperan diariamente.

Porque mientras durante unas horas el corazón político de Toluca estuvo rodeado de vigilancia, existen comunidades donde una patrulla tarda demasiado en llegar, zonas donde comerciantes viven pendientes de una llamada de extorsión, familias que continúan buscando desaparecidos y ciudadanos que modifican horarios, rutas y costumbres por miedo a convertirse en víctimas de algún delito.

La diferencia resulta difícil de ignorar, pues para una noche hubo una maquinaria extraordinaria, para la vida cotidiana el desafío sigue siendo convertir esa capacidad excepcional en presencia permanente.

Después de los fuegos artificiales

La imagen fue impecablemente festiva, Palacio de Gobierno iluminado, la Plaza de los Mártires llena, música, drones, pirotecnia y una cartelera encabezada por María José, además de Germán Montero, Aarón y su Grupo Ilusión, Luca Orozco y la participación de la Orquesta Sin-fónica del Estado de México, pero ninguna fiesta gubernamental debería terminar cuando cae el último fuego artificial, también debería comenzar ahí la transparencia.

Hasta ahora no se conoce públicamente un desglose integral que permita saber cuánto costó toda la celebración, cuánto se destinó a artistas, escenario, producción, sonido, iluminación, drones, pirotecnia, logística y demás servicios involucrados, por ello sería irresponsable aventurar cantidades, pero también resultaría incorrecto dejar de preguntar por ellas ya que, “gratuito” para los asistentes nunca significa gratuito para el erario.

Alguien pagó cada reflector, cada bocina, cada estructura, cada contratación y cada elemento necesario para convertir la Plaza de los Mártires en escenario de una celebración multitudinaria. Los mexiquenses tienen derecho a conocer la factura.

El otro Edomex no desapareció

Mientras el cielo de Toluca se iluminaba, los problemas del Estado de México continuaban exactamente donde estaban.

Las extorsiones no desaparecieron, las personas desaparecidas no regresaron a casa por decreto, las inundaciones recientes no dejaron de exhibir vulnerabilidades, los problemas de movilidad continuaron, las necesidades hospitalarias permanecieron y miles de familias siguieron preocupadas por asuntos mucho menos espectaculares que un concierto y, estarán de acuerdo, ése es el verdadero contraste político del Grito.

No que Delfina Gómez haya celebrado, porque hacerlo forma parte de una ceremonia institucional que gobernadores de diferentes partidos han encabezado durante décadas, sino que la espectacularidad de unas horas inevitablemente obliga a observar las prioridades de los otros 364 días.

El gobierno estatal tiene ahora una oportunidad bastante sencilla para despejar cuestionamientos, publicar contratos, montos y proveedores relacionados con la celebración, explicar el costo completo y demostrar que la transparencia puede ser tan visible como los drones que cruzaron el cielo de Toluca.

En materia de seguridad existe un reto mucho mayor: lograr que el ciudadano de Ecatepec, Nezahualcóyotl, Tultitlán, Naucalpan, Chalco, Toluca o cualquier otro municipio pueda percibir diariamente una capacidad de protección comparable, en proporción y estrategia, con la desplegada durante una celebración extraordinaria.

Porque blindar una plaza durante unas horas es inmediato, pero construir seguridad para mexiquenses ¡imposible!.

La fiesta terminó, las estructuras serán desmontadas y la Plaza de los Mártires recuperará su aspecto habitual, sin embargo, los problemas permanecerán.

Y quizá esa sea la imagen que realmente debería quedar después del Grito, un Estado capaz de movilizar miles de elementos para proteger una noche, frente al enorme desafío de conseguir que millones de mexiquenses se sientan protegidos todos los días.

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