Para Carolina Martínez López, estudiante de octavo semestre de la Licenciatura en Biotecnología de la Universidad Autónoma del Estado de México (UAEMéx), la ciencia no nació entre microscopios o tubos de ensayo. Comenzó mucho antes: en una infancia rodeada del cariño de su familia y en un salón de secundaria, cuando una profesora de Biología despertó una curiosidad que, con el paso de los años, se transformó en una vocación.
Originaria de Metepec, Carolina recuerda su niñez como una etapa marcada por la cercanía con su madre, sus tíos, primos y abuelos. Ese entorno familiar fortaleció en ella el gusto por descubrir y aprender, una inquietud que pronto encontró eco en las matemáticas y las ciencias naturales durante su formación escolar. Sin embargo, hubo un momento decisivo que cambió para siempre su manera de mirar el conocimiento.
“Fue gracias a una maestra de Biología que nos pidió elaborar una célula con fieltro rellena de algodón. Era una actividad muy dinámica, pero además ella hablaba de la ciencia con muchísima pasión. Siempre inventaba estrategias para que entendiéramos cómo funciona nuestro cuerpo. Esa actividad fue la que más me marcó y me hizo pensar que eso era lo que yo quería hacer”, recordó.
Años después, mientras cursaba la preparatoria, una conferencia sobre plantas transgénicas le reveló un campo que reunía todo aquello que la apasionaba: la biotecnología. Aquella experiencia despertó aún más su interés y la llevó a investigar sobre una disciplina cuyas aplicaciones parecían no tener límites.
“Mientras más investigaba, más me sorprendía descubrir que la biotecnología podía aplicarse en la medicina, en las plantas, en los alimentos. Después cursé dos materias optativas de introducción a la biotecnología con una maestra que sabía muchísimo y transmitía ese entusiasmo. Desde quinto semestre de preparatoria decidí que quería estudiar esta carrera. La verdad, me encanta y no me arrepiento”, afirmó.
Cuando llegó el momento de elegir universidad, encontró en la UAEMéx el programa académico que respondía a sus expectativas. La noticia de su aceptación permanece entre los recuerdos más significativos de su vida.
“Lo que más me llamó la atención fueron materias como genética, biología celular y biología molecular. Sentía que me permitirían comprender mucho más a fondo todo aquello que me habían enseñado en secundaria y preparatoria. Además, cuando buscaba información sobre ciencia, constantemente encontraba investigadores e investigadoras vinculados a esta universidad, y eso terminó de convencerme”, sostuvo.
La realidad superó sus expectativas. Durante la licenciatura encontró en las asignaturas relacionadas con la biología celular, la genética y la biología molecular el espacio ideal para desarrollar sus inquietudes científicas. Portar por primera vez una bata de laboratorio representó mucho más que una práctica académica: fue la confirmación de que había elegido el camino correcto.
Ese entusiasmo la llevó a integrarse al Laboratorio de Biología Molecular y del Desarrollo, donde participa en un proyecto de investigación enfocado en el análisis de un gen relacionado con la regeneración del pez cebra, cuyos hallazgos podrían contribuir, en el futuro, al desarrollo de aplicaciones para la salud humana.
Su dedicación también la ha llevado a participar en espacios de divulgación e intercambio científico, como el Congreso Nacional de Genética y la Feria de Ciencias e Ingenierías del Estado de México, experiencias que considera fundamentales para su crecimiento profesional y personal.
“Me siento muy orgullosa y sorprendida de hasta dónde puede llegar alguien en la ciencia. En los congresos conoces investigadores y especialistas que trabajan en temas con un impacto directo en la sociedad. Sales lleno de ideas y motivación porque te das cuenta de que la ciencia todavía tiene muchísimo por aportar”, dijo.
Hoy, a punto de concluir sus estudios de licenciatura, Carolina ha encontrado un equilibrio entre la exigencia académica y las actividades que fortalecen su bienestar. El básquetbol y el tiempo con su familia forman parte esencial de su rutina y le permiten mantener la salud física y emocional mientras se prepara para el siguiente paso: cursar un posgrado y consolidarse como investigadora.
“Quiero dedicarme a la investigación. También me gustaría conocer cómo se hace ciencia en otros lugares; eso amplía la perspectiva, permite aprender nuevas formas de trabajar y después aplicar esos conocimientos aquí”, afirmó.
Con la misma curiosidad que alguna vez despertó frente a una célula elaborada con fieltro y algodón, Carolina Martínez López continúa construyendo una trayectoria guiada por la perseverancia, el conocimiento y la pasión por la ciencia. Convencida de que aún quedan innumerables preguntas por responder, mira hacia el futuro con la certeza de que investigar también es una forma de transformar la realidad.


