* Hallan tomas clandestinas conectadas al Sistema Cutzamala tras 17 meses de gobierno……
Por Mary González
Lo que durante años denunciaron vecinos, especialistas y organizaciones civiles sobre el presunto robo de agua en Ecatepec, finalmente fue reconocido por el propio gobierno municipal, aunque la pregunta inevitable es por qué tuvieron que pasar 17 meses de administración para detectar una red clandestina que operaba conectada nada menos que al Sistema Cutzamala, una de las infraestructuras hidráulicas más importantes del país.
La revelación realizada por la alcaldesa Azucena Cisneros Coss confirmó la existencia de tomas ilegales utilizadas para extraer agua y comercializarla mediante pipas particulares, mientras miles de familias padecían desabasto permanente y gastaban parte importante de sus ingresos para adquirir el líquido que debería llegar por la red pública.
El caso no solamente exhibe la operación de grupos dedicados al llamado huachicoleo de agua, también pone sobre la mesa la incapacidad institucional para detectar oportunamente una actividad que por su tamaño, infraestructura y logística difícilmente pudo haber surgido de la noche a la mañana.
El negocio detrás de la escasez
De acuerdo con la información proporcionada por las autoridades municipales, los responsables perforaban directamente la tubería principal del Sistema Cutzamala para instalar mangueras y construir redes clandestinas de distribución.
Estas conexiones permitían extraer grandes cantidades de agua que posteriormente eran comercializadas a través de pipas en distintas colonias de Ecatepec, municipios vecinos e incluso zonas de la Ciudad de México.
El esquema resulta especialmente indignante porque se desarrolló en una de las regiones con mayores problemas de abastecimiento del país, donde miles de familias llevan años sobreviviendo con tandeos, cortes prolongados y suministro irregular.
Mientras la población enfrentaba semanas enteras sin agua potable, alguien hacía negocio con un recurso público que debía destinarse al consumo de los ciudadanos.
La situación demuestra cómo la escasez puede convertirse en una oportunidad de lucro cuando las instituciones encargadas de vigilar la infraestructura fallan o simplemente no detectan lo que ocurre frente a sus ojos.
Una red que no era invisible
El director de Sapase, Francisco Reyes Vázquez, reconoció que las conexiones ilegales afectaron directamente a miles de usuarios de diversas comunidades.
Entre las zonas identificadas se encuentran Sagitario II, Polígonos y Media Luna, lugares donde se detectaron instalaciones clandestinas que permitían la extracción irregular del recurso.
Lo más preocupante es que las propias autoridades admitieron que anteriormente habían retirado más de 10 kilómetros de mangueras conectadas ilegalmente a la red principal.
La pregunta surge de manera natural, si ya existían antecedentes de este tipo de operaciones, ¿por qué no se implementaron mecanismos efectivos para impedir que continuaran funcionando?
Resulta difícil creer que una estructura de semejante magnitud pudiera operar durante meses o incluso años sin generar señales de alerta suficientes para las áreas responsables de supervisar el sistema hidráulico.
Los ciudadanos pagan las consecuencias
Durante años, habitantes de Ecatepec han denunciado la falta de agua en sus hogares, una problemática que se ha convertido en parte de la vida cotidiana para miles de familias.
Ante la ausencia del suministro regular, muchas personas se vieron obligadas a comprar agua mediante pipas particulares, pagando hasta 80 pesos o más por un servicio que debería estar garantizado por las autoridades.
Ahora se sabe que parte de esa agua provenía presuntamente de conexiones clandestinas instaladas sobre infraestructura pública.
Es decir, los ciudadanos no solamente padecían el desabasto, sino que además terminaban pagando por un recurso que previamente había sido robado del sistema que ellos mismos financian mediante impuestos y contribuciones.
La situación refleja una doble afectación para la población, primero por la falta del servicio y después por los costos adicionales que tuvieron que asumir para cubrir una necesidad básica.
Muchas preguntas y pocas respuestas
Aunque el hallazgo ha sido presentado como un avance importante, la información difundida hasta ahora deja numerosas interrogantes sin respuesta.
Hasta el momento no se han reportado personas detenidas, tampoco se han dado a conocer investigaciones específicas sobre posibles responsables materiales o intelectuales de la red clandestina.
Las autoridades tampoco han informado cuánto tiempo operaron estas conexiones ilegales, cuánta agua fue sustraída ni cuál fue el daño económico ocasionado al sistema hidráulico.
Menos aún se ha explicado cómo una operación de estas dimensiones logró mantenerse activa durante tanto tiempo sin ser detectada.
La ausencia de respuestas alimenta la percepción de que el problema podría ser más profundo de lo que hoy se reconoce públicamente.
El desafío sigue pendiente
El descubrimiento ocurre en medio de una crisis hídrica que afecta a gran parte del Valle de México, donde el acceso al agua se ha convertido en una de las principales demandas ciudadanas.
Sin embargo, el combate al huachicoleo de agua no puede limitarse a detectar mangueras clandestinas cada cierto tiempo, requiere vigilancia permanente, transparencia, investigaciones profundas y sanciones ejemplares.
Porque mientras las autoridades celebran el hallazgo de una red ilegal, miles de habitantes siguen esperando algo mucho más básico, abrir la llave de sus hogares y encontrar agua suficiente para vivir.
Y esa sigue siendo, hasta ahora, la deuda más grande de quienes tienen la responsabilidad de administrar uno de los recursos más importantes para la población.


